2025
12 MIN
Bolivia
Sin diálogos
Luciana Decker
Luciana Decker
Luciana Decker
Luciana Decker
Luciana Decker
Tom Dixon
Luciana Decker
Carlos del Águila Calle
Bertha Canelas
Hilaria Huaycho
Laura Huaycho
| Fecha/Hora | Teatro | Ciudad |
|---|---|---|
| Viernes 4 de septiembre | 7:00 p.m. | Antimateria Libros y Café | Medellín |
| Martes 8 de septiembre | 3:00 p.m. | La Capilla del Claustro Comfama | Medellín |
Nacida en Bolivia en 1993, Luciana Decker Orozco estudió antropología en la UCB (Bolivia) y realizó un máster en Artes Cinematográficas en la Universidad de Wisconsin-Milwaukee. Su trabajo ha sido proyectado en diversos espacios, incluyendo los festivales de cine de Locarno y Rotterdam. También en la Mostra de cinema periférico en España y el festival Frontera Sur en Chile. Desde su primera edición, Cinemancia ha exhibido una nueva película de Decker. A través de interacciones íntimas y de una observación meticulosa, su trabajo profundiza en la esencia espectral, visceral y huidiza de los lugares, los objetos y la materia. En el cine de Decker, el acceso de visión es un asunto de distancia: las cosas que más cerca se ven, tan cerca que ensanchan todos los planos, son las cosas que más interés nos generan. Su método de creación contempla la necesidad del proceder “artesanal”: filmar, revelar, componer. En sus películas, su presencia es también más o menos fantasmal: participa tanto delatando como ocultando su presencia, investigando los espacios intersticiales donde se desarrollan la mediación y las relaciones.
Esta película se proyecta con:
Lo que los humanos ven como sangre los jaguares ven como chicha
Objetos parlantes
Larama
Spoils/Trastos
Trizas

Un viaje al inframundo comienza en nuestras propias entrañas, moldeadas por la carne que consumimos y las migas ablandadas por la saliva de las madres. Esta película explora el devenir de distintos tiempos, desde el ritmo íntimo de la digestión hasta la vasta extensión de las eras geológicas: estalactitas formadas durante milenios, huellas fosilizadas de dinosaurios y los ecos de movimientos primigenios parecidos a gruñidos. Inspirada en el capítulo Puro Andar de El Pez de Oro de Gamaliel Churata, donde dice que “todos llevamos a los muertos vivos; que los muertos viven”.


Dentro de la filmografía de Luciana Decker Puro andar ocupa un lugar singular porque conecta y amplía las búsquedas que ha transitado su obra desde sus primeras películas. Desde Larama, donde la atención se centra en el paisaje, hasta Trizas, donde los objetos arqueológicos y su observación revelan movimientos de la memoria a través de tiempos y territorios, la distancia con lo observado se hace cada vez más corta y la mirada humana deja de ocupar un lugar privilegiado para plantear otras formas de percepción. Puro andar lleva esa búsqueda hasta el interior mismo del cuerpo, donde las entrañas humanas y las de la tierra dejan de ser espacios separados para convertirse en uno solo. Allí habita un misterio que sólo puede resolverse a través de la experiencia corporal. Mediante el montaje, el diseño sonoro y la intervención del celuloide, Puro andar traza un recorrido que activa los sentidos y atraviesa el cuerpo de quien mira, oye y siente. Para iniciar el viaje, el ritual es comer y el umbral es la boca. El trayecto comienza en la ciudad y se adentra poco a poco en lo profundo de la tierra y el cuerpo. El aire tiembla, la imagen también. Una vez adentro, el sonido evoca la digestión y una corriente de agua fluye en distintas direcciones mostrando la fuerza que emana del interior capaz de sacudir raíces y cimientos, de contener una historia milenaria. El agua fluye como corriente subterránea llena de vida, es la sangre debajo de la piel. El misterio toma forma, es lenguaje y duda sobre el origen: de dónde venimos, qué llevamos dentro y cómo nos conectamos con nuestros ancestros. El cuerpo viaja del cielo a la tierra, de la luz a la oscuridad y del exterior al interior buscando una respuesta que solo puede encontrarse en el movimiento y en el cambio. Al final, el paisaje, la tierra, el agua, las piedras, la comida, la boca, la piel, los objetos y todo lo que compone el mundo forma parte de un mismo organismo donde tradiciones y formas de conocimiento resisten a la separación entre lo humano y lo natural. El cuerpo es portal, viaje y destino al mismo tiempo. Luciana Decker se vale del cine como herramienta para aproximarse al interior de la materia hasta hacerla vibrar.
Valle de Aburrá, Antioquia