Larama

Larama

Año:

2020

Duración:

6 MIN

País:

Bolivia

Idioma:

Sin diálogos

Dirección:

Luciana Decker

Producción:

Luciana Decker

Guion:

Luciana Decker

Fotografía:

Luciana Decker

Montaje:

Luciana Decker

Sonido:

Luciana Decker

Horarios

Fecha/HoraTeatroCiudad
Viernes 4 de septiembre |
7:00 p.m.
Antimateria Libros y CaféMedellín
Martes 8 de septiembre |
3:00 p.m.
La Capilla del Claustro ComfamaMedellín

Dirección:

Luciana Decker

Nacida en Bolivia en 1993, Luciana Decker Orozco estudió antropología en la UCB (Bolivia) y realizó un máster en Artes Cinematográficas en la Universidad de Wisconsin-Milwaukee. Su trabajo ha sido proyectado en diversos espacios, incluyendo los festivales de cine de Locarno y Rotterdam. También en la Mostra de cinema periférico en España y el festival Frontera Sur en Chile. Desde su primera edición, Cinemancia ha exhibido una nueva película de Decker. A través de interacciones íntimas y de una observación meticulosa, su trabajo profundiza en la esencia espectral, visceral y huidiza de los lugares, los objetos y la materia. En el cine de Decker, el acceso de visión es un asunto de distancia: las cosas que más cerca se ven, tan cerca que ensanchan todos los planos, son las cosas que más interés nos generan. Su método de creación contempla la necesidad del proceder “artesanal”: filmar, revelar, componer. En sus películas, su presencia es también más o menos fantasmal: participa tanto delatando como ocultando su presencia, investigando los espacios intersticiales donde se desarrollan la mediación y las relaciones.

Sinopsis

Sinopsis

En ese breve instante en que no es ni día ni noche, mientras la luz se desvanece y los perros ladran, se experimenta una epifanía desde la ventana. Filmado durante la cuarentena y las protestas que exigían elecciones tras el golpe de Estado de 2019 en Bolivia.

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Reflexión

La luz tarda en desaparecer. Antes de la noche existe un momento ambiguo donde los contornos pierden definición y los sonidos comienzan a ocupar el espacio que antes pertenecía a la mirada. Larama habita ese intervalo. Desde la ventana de un departamento, la película acompaña el lento tránsito del día hacia la oscuridad hasta convertirlo en una experiencia de observación sostenida. Realizado durante el confinamiento, el cortometraje encuentra en la limitación espacial una posibilidad inesperada; la ventana deja de ser una frontera y se transforma en un punto de encuentro entre quien observa y aquello que permanece fuera de alcance. Lo cotidiano adquiere una extraña densidad a medida que la luz disminuye y el paisaje parece desprenderse de sus significados habituales. Nada extraordinario ocurre frente a la cámara. Sin embargo, la atención depositada sobre los cambios más sutiles altera nuestra relación con el tiempo. El paso de las horas deja depercibirse como una sucesión de acontecimientos y se vuelve una materia sensible, marcada por variaciones de color, textura y sonido. El título remite al azul, pero también a figuras vinculadas a la observación de los ciclos celestes. Esa resonancia atraviesa toda la película. Más que describir un lugar, Larama se interesa por una forma de mirar, por la capacidad de encontrar señales allí donde normalmente solo vemos rutina. La calma que atraviesa las imágenes nunca termina de ser completamente apacible. Bajo la quietud persiste una sensación de espera, como si algo estuviera a punto de suceder sin llegar jamás a concretarse. En esa tensión mínima se encuentra buena parte de la fuerza del film. Convertida en observación paciente, la experiencia del encierro deja de estar asociada únicamente a la restricción y se abre a una percepción renovada del entorno. Larama descubre en la contemplación una forma de resistencia y encuentra en los últimos minutos del día una intensidad que suele pasar inadvertida.

ALDO PADILLA

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