Mirando al sur

Publicado agosto 13, 2026

Mirando al sur

Mirando al sur

Año:

2026

Duración:

34  MIN

País:

Colombia, Canadá

Idioma:

Español

Dirección:

Felipe López Gómez

Producción:

Adriana Badillo

Herman López Gómez

Felipe López Gómez

Guion:

Felipe López Gómez

Fotografía:

Ángela Saviñón

Felipe López Gómez

Montaje:

Lucas Casolo

Sonido:

Mercedes Gaviria Jaramillo

Simón Ruscinski

Elenco:

Maria Leonor Guerrero

Horarios

Fecha/HoraTeatroCiudad
Sábado 5 de septiembre |
4:00 p.m.
Centro Colombo Americano - Sede centro - Sala 2 Medellín
Viernes 11 de septiembre |
7:00 p.m.
TerkoCopacabana

Dirección:

Felipe López Gómez

Director y productor. Nació en Santiago de Cali y trabaja entre Canadá y Colombia. Dirigió los cortometrajes Un sueño joven y La cumbre. Es fundador y director de la productora cinematográfica ALTRA films. En 2025 presentó en la competencia de cortometrajes de Cinemancia su película Kilómetro 126.

 

Sinopsis

Sinopsis

La voz que escuchamos proviene de muy lejos, fuera de la pantalla, a miles de kilómetros de las vistas de Toronto que se despliegan ante nosotros. Se trata de innumerables mensajes de voz desde Colombia que dejó la querida abuela del director. Él los escucha en silencio, respondiendo con imágenes impregnadas de soledad en lugar de palabras, mirando a su alrededor para adentrarse en sí mismo y en la historia de su familia.

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Reflexión

No necesita el espectador más de cinco minutos para reconocer la tradición a la que pertenece esta película y cuyo máximo parangón es News From Home, de Chantal Akerman. Tal como en la película de la cineasta belga, acá se trata, literalmente, de noticias desde casa. Hace unas décadas, Akerman leía con pronunciado estoicismo la correspondencia que recibía desde la casa de su madre. Ahora, el director no lee nada, tiene la voz de su abuela como protagonista, voz que revela un mundo y la dura extensión que es para el cariño cualquier distancia de más de 30 kilómetros. La invención de  Felipe López Gomez pasa por multiplicar el peso emocional de las imágenes y las cadencias de las voces (un día es una nueva voz, aunque siempre sea la misma mujer hablando) sin dejar de lado el rigor arquitectónico de este cine que, en las asociaciones más variadas, descubre una verdad que es, al tiempo, fílmica y emocional. La abuela del director manda diferentes mensajes de voz, el rigor en la descripción y la dulce necesidad de ampliar tanta información como sea posible resulta fundamental para el peso emocional y para la arquitectura de la propia película. La voz hace que lo que vemos sea más grande, más alto, más denso, más contundente; las imágenes quieren capturar la esencia de una ciudad, lejana, irremediablemente diferente al escenario donde ocurren los sueños de la abuela. En ese proceder aparece una reflexión sensorial del tiempo. Los mensajes de la abuela tienen diferentes registros pero se repite, de manera cariñosa y también incómoda, una suerte de premonición mortuoria. La muerte tiene un papel particular. Si desde tan lejos –la distancia de los materiales van desde Colombia hasta Canadá– se siente que el tiempo acaba y que, por ende, hay un tiempo –el presente– que está siendo utilizado sólo para los procesos a los que obliga la distancia, hay, sin duda, un tiempo perdido. La abuela reclama por unos días que no serán. Las novedades desde Colombia son más que información, son lamentos por un tiempo para siempre perdido. En la película toda la idea y todo el peso de las relevancias colectivas sobre lo “íntimo” tienden a recuperar (y también a perder) un aliento particular: el encuadre recupera un espacio para pensar el pasado; el presente y el gerundio que usa la abuela para contar lo que pasa (y lo que le gustaría que pasara) sirve para conectar lo que, de otro modo, estaría más que lejos. El rostro es otro asunto fundamental, además de rígida y con misión arquitectónica, esta película, acumulativa, prepara el terreno para la revelación de un rostro. Es directamente sensacional cómo sucede esa revelación. El logro máximo de un cineasta ocurre cuando el centro de sus reflexiones las ocupa un rostro y su geografía gestual. Mirando al sur es justo eso. 

LUZ STELLA FERNÁNDEZ

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