Vampir Cuadecuc

Publicado agosto 11, 2026

Vampir Cuadecuc

Vampir Cuadecuc

Año:

1970

Duración:

67 MIN

País:

España

Idioma:

Inglés

Dirección:

Pere Portabella

Producción:

Films 59, Antoni Tomás

Guion:

Pere Portabella, Joan Brossa

Fotografía:

Manel Esteban

Montaje:

Miguel Bonastre

Sonido:

Carles Santos

Música:

Carles Santos

Elenco:

Christopher Lee, Herbert Lom,

Soledad Miranda, Jack Taylor,

Maria Rohm, Fred Williams,

Paul Muller, Jeannine Mestre,

Emma Cohen, Jesús Franco

Horarios

Fecha/HoraTeatroCiudad
Viernes 4 de septiembre |
6:30 p.m.
Casa Municipal de la Cultura Caldas
Sábado 5 de septiembre |
6:00 p.m.
Teatro CaribeItagüí

Dirección:

Pere Portabella

Pere Portabella (Figueres, 1927) es un cineasta, productor y activista político español. Su trayectoria ha hecho del cine un espacio de invención formal y pensamiento crítico. Como productor, ha impulsado obras clave como Los golfos (1960), El cochecito (1960) y Viridiana (1961). Como director, ha desarrollado una obra radical e inclasificable con películas como Vampir-Cuadecuc (1970) y Umbracle (1972). Fue elegido senador en 1977 y participó en la redacción de la Constitución española.

Sinopsis

Sinopsis

Portabella hace su propia película de vampiros en el rodaje de otra película de vampiros: El Conde Drácula de Jess Franco, protagonizada por Christopher Lee. El resultado trasciende el making of (una excusa) para dibujar una fantasmagoría que extrae la esencia del mito vampírico, propulsada por la banda sonora de Carles Santos.

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Reflexión

JUAN PABLO FRANKY

 

“More than a documentary, the film displays a kind of poetic alchemy in which Portabella converts a horror movie into one of the most beautiful films ever made about anything.”

Jonathan Rosenbaum

 

El mayor elogio a una película filmada hace más de medio siglo, es sin duda, declarar tajantemente que no ha envejecido en lo más mínimo. Estrenada mundialmente el 17 de mayo de 1971, en la Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes, Vampir Cuadecuc (1970) goza de vida eterna. La inmortalidad, aquella extraña cualidad que ostenta con desparpajo y desfachatez cualquier vampiro, hace parte del ADN de la obra de Pere Portabella. Acaso Vampir Cuadecuc no solo no envejece, sino que además continúa exudando riesgo, sagacidad y rebeldía en cada una de sus escenas. No existe en la historia del cine una obra que se le parezca. Sus múltiples apuestas narrativas y riesgos estéticos se amalgaman ensanchando las posibilidades de relectura del mito del vampiro en el cine: Making of experimental, remake vanguardista, ensayo cinematográfico, alegoría política, deconstrucción del cine de género; todas estas lecturas son posibles en la película de Pere Portabella. El espectador bien puede elegir la que más le interpele o formular otra que le permita entrar en el juego mientras busca como chuparle la sangre. Sin embargo, lo primero que decide hacer el director catalán es filmar con la idea de vampirizar otra obra apenas en proceso, la última película que filmaría Jesús Franco en Barcelona, El Conde Drácula. De esta manera, y con permiso y apoyo del equipo de producción de la película, Portabella aprovecha los decorados, actores y equipo técnico para filmar lo que bien podría ser un el Making of de una película, pero que en realidad terminaría alimentando una obra independiente, que logra fagocitarse a su referente al capturar imágenes que transitan entre la libertad de la vanguardia artística (filma en 16 mm en blanco y negro eliminando los grises al saturar los contrastes o realiza movimientos de cámara que desdibujan las formas creando manchas y líneas en la imagen) y la inmediatez del registro documental (filma a los técnicos envejeciendo puertas con telarañas prefabricadas, las fuentes de luz que iluminan la escena o momentos de distracción de los actores). Las imágenes de la película terminarán articulando una narrativa no convencional, que busca su propia lógica intercalando diferentes registros, pero Portabella no agota su ánimo lúdico y experimental en el campo de la imagen, multiplica la apuesta al hacer que colapsen la imagen y el sonido de la película mediante una banda sonora totalmente independiente de la imagen. Al proponer una sincronía inexistente entre aquello que vemos y aquello que escuchamos, el compositor Carles Santos, crea un universo sonoro colmado de repeticiones, ruidos de taladros, silencios prolongados, sonidos electro acústicos que al convivir con la imagen dislocan nuestro afán de entender de forma lógica las conexiones, sumergiéndonos en una espesa irrealidad propia de las mejores manifestaciones de la vanguardia de comienzos del siglo XX. Y si estas no fueran suficientes virtudes para presentar una película, poder ver un primer plano del rostro de Christopher Lee o de Soledad Miranda, son más que suficientes para festejar que esta película exista.

Galería

Compartir publicación

Abrir chat