2003
6 MIN
España
Sin diálogos
Pere Portabella
Films 59
Tomás Pladevall
Gioachino Rossini
Carles Santos, Claudia Schneider.
| Fecha/Hora | Teatro | Ciudad |
|---|---|---|
| Viernes 4 de septiembre | 6:30 p.m. | Casa Municipal de la Cultura | Caldas |
| Sábado 5 de septiembre | 6:00 p.m. | Teatro Caribe | Itagüí |
Pere Portabella (Figueres, 1927) es un cineasta, productor y activista político español. Su trayectoria ha hecho del cine un espacio de invención formal y pensamiento crítico. Como productor, ha impulsado obras clave como Los golfos (1960), El cochecito (1960) y Viridiana (1961). Como director, ha desarrollado una obra radical e inclasificable con películas como Vampir-Cuadecuc (1970) y Umbracle (1972). Fue elegido senador en 1977 y participó en la redacción de la Constitución española.
Esta película se proyecta junto a:
No contéis con los dedos de Pere Portabella
Vampir Cuadecuc de Pere Portabella

Cuerpos desnudos se someten al fuerte impacto del agua, mientras suena la música de Il Temporale de la ópera La Cenerentola y la obertura de La tempesta.


La Tempestá no es una película en sentido convencional, funciona más como una partitura visual. Concebida en diálogo con el universo escénico y musical de Carles Santos, la pieza articula cuerpos, agua y música en una composición guiada por el ritmo, la intensidad y el movimiento antes que por cualquier desarrollo narrativo. Una serie de cuerpos desnudos se enfrenta al impacto constante del agua mientras resuenan fragmentos de Rossini. La tormenta no aparece aquí como un acontecimiento representado, sino como una fuerza física que atraviesa simultáneamente el sonido y la imagen. La cámara se aproxima a la piel, a los ombligos y al vello agitado por el agua, descubriendo pequeños remolinos y movimientos que parecen reproducir a escala corporal las formas de la propia tempestad. El agua golpea, desplaza y transforma los cuerpos mientras la música organiza el flujo de la experiencia. La presencia de Rossini resulta fundamental. Como en buena parte de la obra de Portabella, la música no acompaña las imágenes ni las ilustra; ambas avanzan juntas, estableciendo asociaciones abiertas que invitan al espectador a construir sus propias relaciones. Sonido e imagen se responden mutuamente, desplazando la atención hacia el ritmo, la textura y la intensidad de la experiencia. La pieza se inscribe, además, en una trayectoria marcada por la colaboración constante con poetas, músicos y artistas visuales, una de las características más singulares del cine de Portabella, desde sus trabajos junto a Joan Brossa hasta películas posteriores como Die Stille vor Bach. Además de tener referencias de otras disciplinas, sus obras suelen situarse en un territorio intermedio donde cine, música, literatura y acción escénica se transforman mutuamente. En el encuentro entre cuerpos, agua y música, La tempestá condensa esa búsqueda en una de sus formas más depuradas. La película encuentra una energía elemental que se experimenta antes de interpretarse, expandiendo el lenguaje cinematográfico hacia una zona próxima al concierto, la acción escénica y la experimentación visual.
Valle de Aburrá, Antioquia