2025
16 MIN
Colombia, Canadá
Español
Oscar Ruiz Navia
Diana Bustamente
Oscar Ruiz Navia
Oscar Ruiz Navia
Pablo Álvarez Mesa
Charles Duquet
Oscar Ruiz Navia
Mercedes Gaviria
Oscar Ruiz Navia
Anina Ixchel Mejía Ruiz
Manuk Aukan Mejía Ruíz
Ana María Ruiz Navia
| Fecha/Hora | Teatro | Ciudad |
|---|---|---|
| Jueves 10 de septiembre | 4:00 p.m. | Centro Colombo Americano - Sede centro - Sala 1 | Medellín |
Comunicador Social y Periodista de la Universidad del Valle. Coordinador (2005-2008) del Cine Club CALIGARI en la Fundación de Arte Contemporáneo Lugar a Dudas. A principios de 2006 fundó Contravía Films, casa de producción de cine independiente que, después de 13 años de trabajo continuo, se ha posicionado como una de las compañías de cine más importantes de Colombia. Su primer largometraje El vuelco del cangrejo (2009) recibió el Premio de la Crítica Internacional FIPRESCI en el Festival de Cine de Berlín (Forum).
Esta película hace parte del programa especial dedicado al cortometraje colombiano reciente, “El espesor de las formas”, y se proyecta con:
El cazador, de Luciana Riso y Manuel Villa
Las formas de la magia, de Maria Paula Lorgia
Sombras en la niebla, de Pedro Pablo Vega
Un aparato para detectar fantasmas, de Mauricio Maldonado

Explorando los espacios liminales de una nueva ciudad, evocando recuerdos grabados hace mucho tiempo, recordando en silencio una canción de Luis Alberto Spinetta, la película encuentra una manera diferente de relacionarse con los muertes y con el fin de la vida. Las imágenes de un Montreal helado hablan de grandes distancias. Los cálidos recuerdos del hogar toman el control. Todos ellos le dan cabida a la voz de una persona que ya no está. Los muertos siempre están con nosotros; habitan cada espacio, y su pérdida ocupa todo el tiempo.


Un motor ruge con estridencia y, tras una ráfaga de emulsión de la película analógica, revienta la aparente armonía del panorama. El tren sigue en curso, pero, pese a su llegada, no se vislumbra en las vías férreas; solo nos queda reconstruir su imagen, como un fantasma, desde la sonoridad que lo caracteriza. Con esta misma violencia asaltan los taladros de una obra a la distancia, algunas notas de piano y las tiernas palabras de una mujer –hermana del director y voz narradora– que promete recuperarse pronto. La despedida de cada sonido separa las imágenes entre sí y escarba en esas fricciones entre planos. Mientras tanto, vemos una serie de puntos de fuga que, en sucesión sistemática, nos orientan hacia el infinito de callejones friolentos, aquellos habitados por voces huérfanas de cuerpo y extraños que bajan por la vereda. Con estas contradicciones entre el plano visual y su contraplano sonoro, Ya se ven los tigres en la lluvia pone en evidencia el propio procedimiento con el que excava las huellas que esclarecen una ausencia. Estas evocaciones merodean por cada sonoridad disímil, puesta en contraposición a lo que proyectamos sobre estas imágenes de la vida urbana. El otro contraplano que sugiere el filme, y tal vez el más crucial para articular el retrato familiar, se encuentra en el formato: la circulación por Montreal, capturada en imágenes en Súper 16mm, se abre, entre llamas incandescentes, hacia los videos caseros de un pasado indefinido. Ruiz Navia recupera estas imágenes de la infancia y observamos, en el vínculo entre hermanos, la dicha que comparten en la sangre; una juventud que, lúdica y lúcida, discurre entre imágenes espontáneas y vitales. Con esta diligencia, el cortometraje alterna entre voces a la distancia y recuerdos que se desvanecen, entre juegos de ayer y presiones de hoy, mientras el rollo de película se quema y las vibraciones de ambos soportes –el vídeo analógico y el fílmico– abren las heridas de un tiempo perdido. Lo que nos queda, con la sintonía melódica y afectiva de una bossa nova de João Gilberto, es ayudar a un corazón triste.
Valle de Aburrá, Antioquia