2025
38 MIN
Canadá
Francés
Ryan McKenna
Ryan McKenna
Patrice LeBlanc
Tyler Fitzmaurice
Clark Ferguson
Ryan McKenna
Patrice LeBlanc
Tyler Fitzmaurice
Tyler Fitzmaurice
Erin Marguerite Carter
Pirouz Nemati
| Fecha/Hora | Teatro | Ciudad |
|---|---|---|
| Miércoles 9 de septiembre | 7:00 p.m. | Antimateria Libros y Café | Medelllín |
| Viernes 11 de septiembre | 6:30 p.m. | Cine MAMM | Medellín |
Ryan McKenna es un cineasta canadiense cuyas películas se han proyectado en numerosos festivales internacionales (TIFF, Locarno, MoMA, Criterion Channel, etc.).
Esta película se proyecta con:
Juicio a un joven poeta, de Philippe Van Cutsem
Hold My Hand, de Sophie Sherman

Una mujer está decidida a encontrar los restos de una pariente lejana cuya ubicación parece estar bien documentada en un diario, mientras tanto conoce a un hombre que quiere aprender francés. Sin diferencia alguna entre “lo documental” y “lo ficcional”, esta película explora una amistad incipiente y entrelaza historias familiares con la historia oficial.


“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”.
Jocelyn lleva un mes en Montreal. Es franco-manitobana y todavía no habla bien francés. Behrouz, iraní, lleva quince años en la ciudad, intenta mejorar su francés e, igual que ella, conoce la extrañeza de vivir entre dos mundos. Su amistad nace de la palabra y, en consecuencia, de su complejidad. Se encuentran para practicar el idioma y mientras caminan comparten sus miedos, dudas y costumbres. Cada uno le ofrece al otro una manera de mirar. Mientras Behrouz habla con Jocelyn sobre su lengua materna y las formas de relacionarse con la muerte en su país, ella intenta seguir las huellas de su familia para encontrar los restos de su antepasada Aurore. En 1885, una epidemia de viruela provocó miles de muertes en Montreal. Aurore murió durante la cuarentena. Más de un siglo después, Jocelyn recorre la ciudad siguiendo las marcas de una historia que, como un fantasma, continúa deambulando por sus calles y parques. Fotografías, documentos y cartas se intercalan con las imágenes del presente y convierten el paisaje en un umbral que conecta tiempos y personas aparentemente lejanas. Solitudes es también la historia de su director, Ryan McKenna. La búsqueda que con tanto esmero realiza Jocelyn está inspirada en la de su tío abuelo Ben, quien en 1995 intentó encontrar la tumba sin marcar de Aurore. Al transformar esa búsqueda familiar en una película, McKenna vuelve sobre una historia inconclusa para darle un cuerpo, un rostro, un recorrido y, así, a través de la belleza, convertir la ficción en una forma de justicia. Montreal y su naturaleza lucen tan delicadas como una pintura impresionista, mientras las fotografías y las cartas conservan su propia luz, textura y las marcas del tiempo. En Solitudes, una amistad nacida en una clase de francés se convierte en una excavación de la memoria y las raíces. Esta es una bella película sobre el lenguaje, la amistad y el amor pero también sobre lo que se hereda, lo que se deja atrás y a lo que volvemos para aprender a mirar y expandir nuestro propio mundo.
Valle de Aburrá, Antioquia