2026
25 MIN
Colombia
Español
Ismael García Ramírez
Juliana Zuluaga Montoya
Daniel Saldarriaga Arango
Santiago Flórez
Ismael García Ramírez
David Correa Franco
Tiagx Vélez
Ismael García Ramírez
Deimer Quintero Vertel
Abel Villa
Jaime Carvajal Giraldo
Simón Saraza Monsalve
Tania Cristina Henao Henao
Tammy Ochoa
Ibinson Lamberghinis
José Darío Caballero Maya
| Fecha/Hora | Teatro | Ciudad |
|---|---|---|
| Domingo 6 de septiembre | 4:30 p.m. | Centro Colombo Americano - Sede centro - Sala 1 | Medellín |
| Miércoles 9 de septiembre | 6:00 p.m. | Teatro Caribe | Itagüí |
Director y locacionista. Comunicador audiovisual del Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid y estudiante de antropología de la Universidad de Antioquia. Está interesado en los universos que hace posible el lenguaje y en una puesta en escena coherente con las condiciones precarizadas del sur global. Su primer cortometraje Entre las sombras arde mundos, producido por Crisálida Cine y Rara Colectivo, participó en la competencia de cortometrajes de Cinemancia 2023.

Simón vive en un pueblo minero abandonado, rodeado de montañas erosionadas y máquinas destruidas. Allí pasa una última noche junto a su hermana Sol, quien se prepara para comenzar a trabajar en un call center de la ciudad. Con la excusa de estudiar el libreto del nuevo empleo, recorren, junto a su grupo de amigxs, los desolados y oscuros caminos del lugar donde crecieron, explorando las ruinas industriales y las viejas máquinas, que cobran vida con el paso de sus linternas. Las palabras que dispone el guion del intercambio en el mundo del servicio al cliente se cruza con sueños y anhelos. Entre montañas, cuevas y lugares abandonados, este singular grupo representa la vida que les espera, tan brillante como imperfecta.


Esta es la segunda película de Ismael García. También es su segunda película en Cinemancia. Su primer cortometraje, Entre las sombras arden mundos relata la madrugada de una mujer adulta siguiendo a su hijo por los pasadizos de la negrura de la ciudad. Fiestas, humo, bailes, motos y la oportunidad de vivir un momento de libertad zambullidos en las sombras. El futuro posible (y lo que ya fue parece no importar). En Futuros luminosos, el director antioqueño vuelve a preguntarse por las variables de la libertad en un mundo que obliga a la rutina del horario de oficina para ganarse la vida. Sol, hermana mayor, está practicando su discurso de ventas para un call center de una compañía de telecomunicaciones. Empezará pronto a trabajar allí y dejará la rutina del pueblo. Su hermano menor, Simón, le ayuda a repetir una y otra vez el libreto hasta que se sienta cómoda y lo haga fluidamente. Incluso crean una pantomima con un anciano con el fin de aumentar la dificultad y el realismo de la simulación laboral. El empleo en el call center realmente no tiene una resolución, sirve como recurso expresivo que hace mover a los personajes e interactuar entre sí dando a conocer sus formas de ver el mundo y de reaccionar frente a él. La infancia no es una etapa que se abandona: es una capa que constituye. Al menos así es con Sol y Simón, los constituye. La luz no los deja así haya que hacerse adultos. Los personajes de Futuros luminosos habitan los territorios de la ficción pero tienen una vida real, no son inventos de un autor, son jóvenes que buscan vivir de la mejor manera posible en medio de un mundo diseñado para la exclusión y la hostilidad. Un sentido del humor fino, sin crueldades ni chistes baratos, embalsama estas secuencias con la espontaneidad de una linfa vital. Ahora bien, el elemento más revelador e intenso de esta película está en el manejo de las luces y las sombras. Sol y Simón son dos jóvenes hermanos en un mundo a blanco y negro. Buscar una profesión, un oficio del que vivir, y encontrarse con el juego entre amigos resulta ser la forma más sincera de conocer los talentos y deseos personales. Aunque sean inventados, son más que útiles para un mundo por inventar, por iluminar de entre las tinieblas de las máquinas que explotan la tierra y secuestran sonrisas. Se puede jugar en todo momento, hasta en la vastedad de la nada.
Valle de Aburrá, Antioquia