2025
27 MIN
Bolivia
Sin diálogos
André Silva Santos
André Silva Santos
Susana Nobre
Diogo Salgado
Cristina Cruz Forte
André Silva Santos
Paulo Menezes
Diogo Vale
Marcelo Tavares
Johan Sebastian Bach
Wilhelm Popp
Tiago Schwäbl
Pedro Gil
Rodrigo Alves
| Fecha/Hora | Teatro | Ciudad |
|---|---|---|
| Viernes 4 de septiembre | 4:30 p.m. | Centro Colombo Americano - Sede centro - Sala 1 | Medellín |
| Jueves 10 de septiembre | 6:00 p.m. | Teatro Otraparte Biblioteca y Edificio Cultural Otraparte | Envigado |
André Silva Santos vive en Lisboa, donde trabaja como guionista, asistente de dirección y asesor de guion para otros cineastas. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad NOVA de Lisboa, donde también cursó una maestría en Estética y Estudios Artísticos: Cine y Fotografía. Actualmente, cursa un doctorado en Estudios Artísticos en la misma universidad. También obtuvo un diploma de posgrado en Cine —Dramaturgia y Dirección— de la Escuela de Teatro y Cine de Lisboa. Esta película es su debut como director.

Es el inicio de la primavera. Hay una sonata, un tren, una carta. Entre su trabajo como profesor de flauta y los rituales de duelo por la muerte prematura de su esposa, Samuel se enfrenta a un nuevo dilema tras la visita de su hermano.


São João da Madeira, pequeña ciudad portuguesa. Samuel riega sus plantas tranquilamente, se nota que es su ritual mañanero de cada día, es su luto hecho de colores. Su casa está llena de pequeños tesoros: cuadros enmarcados, postales colgadas, partituras intrincadas e instrumentos bien dispuestos para ser tocados. La cámara se detiene en una ilustración de un naranjo en flor, luego, el protagonista aparece dormido entre sus talismanes de escritorio: un portaretratos ovalado como de marfil con una foto de su amor antiguo, un pájaro de oro tirado en el libro donde reposa su jaula de la cual escapó, su anillo de bodas aferrado para siempre a su dedo anular. Como el tango de Goyeneche, aparecen las capas de tristezas y pequeñas felicidades que se viven con el corazón roto en pedazos: “Primero hay que saber sufrir,después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento. Eterna y vieja juventud que me ha dejado acobardado como un pájaro sin luz”. Descubrimos con el paso del metraje que Samuel vive en un constante estado de duelo. Su esposa Luisa ha muerto y sus promesas de un futuro compartido se han desvanecido sin dejar cura alguna para el dolor más que la rutina rigurosa. Las clases de flauta que imparte a niños y niñas son dadas con atención especial al detalle. Las indicaciones en extremo específicas dejan ver la pasión desbordada que hay en sus gestos. Cada movimiento de sus manos enseña un tipo de delicadeza, cada palabra de su boca contagia su entusiasmo controlado. “Perfume de naranjo en flor, promesas vanas de un amor que se escaparon en el viento. Después, qué importa del después, toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado”. No obstante, la vida aplastada de Samuel está a punto de tomar un giro definitivo. Su hermano lo ha visitado para proponerle un nuevo proyecto: hay que cuidar a mamá. Como si de una nueva adolescencia se tratase, Samuel debe atravesar un cambio inesperado para comprender, a través de la respiración, que la vida siempre sigue. André Silva Santos hace su debut como director bebiendo de las aguas nacidas desde la productora de cine portuguesa Terratreme. En Sol Menor hay 27 minutos de hermosura, concebida como un profundo elogio a la enseñanza como religión, como ritual para asirse al evanescente arrebato de vivir compartiendo la intimidad de las pasiones.
Valle de Aburrá, Antioquia