Oublie pas le gruau

Oublie pas le gruau

Año:

2026

Duración:

75 MIN

País:

Canadá

Idioma:

Francés

Dirección:

Olivier Godin

Producción:

Amélie Tremblay

Guion:

Olivier Godin

Fotografía:

Renaud Després-Larose

Montaje:

Olivier Godin

Sonido:

Ana Tapia Rousiouk

Música:

Philippe Battikha

Elenco:

Jean-Marc Dalpé

Kayo Yasuhara

Emery Habwineza

Suzanne Beth

Horarios

Fecha/HoraTeatroCiudad
Viernes 4 de septiembre |
4:30 p.m.
Centro Colombo Americano - Sede centro - Sala 1 Medellín
Jueves 10 de septiembre |
6:00 p.m.
Teatro Otraparte Biblioteca y Edificio Cultural OtraparteEnvigado

Dirección:

Olivier Godin

Olivier Godin es director de cine. Ha dirigido numerosos cortometrajes y largometrajes. Estudió cine en la Universidad Ahuntsic (en Montreal) y en la Universidad Concordia. También es crítico de cine y colabora periódicamente con la revista “Hors Champ”. En el 2025, Cinemancia presentó una retrospectiva de su obra titulada “Según la palabra”, haciendo referencia a la importancia de las palabras –su forma y su deformación– en su cine. Su mundo, original y desabrochado de cualquier restricción, donde es inútil discernir entre la máscara y la carne, la trascendencia y lo profano, consiste en saber dejarse ir y en sentir con la máxima de las dedicaciones.

Esta película se proyecta con:

 

Sol menor, de André Silva Santos

Sinopsis

Sinopsis

La película es una comedia, física y desopilante, cuyos personajes cuentan historias, al tiempo que narra la historia de uno de ellos, un vendedor de ropa de segunda mano conocido como “El Bárbaro”. Además de El Bárbaro hay muchos personajes más y todos, también dedicados a vender la misma ropa, cuentan sus historias. Con un estilo tan estilizado como el de Aki Kaurismäki o Luc Moullet, las palabras de los personajes se apoyan en símbolos increíblemente poderosos. La precisión visual extremadamente meticulosa de la película va de la mano con diálogos que generan una verdadera explosión de imaginería verbal, donde los arquetipos medievales en general y artúricos en particular emergen dentro de la feroz cotidianidad de la vida diaria.

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Uno de los placeres que genera el cine de Olivier Godin es que cada película, en intensidades variables pero siempre decididas, resulta totalmente inadecuada para los usos y las costumbres que “el mundo del cine” le ha dado, precisamente, a las películas y a la forma del cine. Godin es libre, irreverente y, sobre todo, un gran inventor. En Oublie pas le gruau el arrebato por ese inconformismo crece exponencialmente: los personajes son díscolos, gozan con los estornudos, los eructos; en general, adoran los sonidos de la deglución y de cualquier movimiento fisiológico, además, tienen costumbres difíciles de explicar: desayunan con cerveza y, repentinamente, sus cuerpos necesitan estrujones o son capaces de feroces movimientos sin control del cerebro –a veces esos momentos se parecen a algún paso de baile, sin embargo, el caos es tanto que la acción es mucho más compleja e ilegible–. La irrupción es la forma de la película. En los procesos humanos, la irrupción está íntimamente ligada a la risa y la carcajada. La película de Olivier Godin es más que fiel a ese trazado de correspondencias. Oublie pas le gruau también es sobre las historias: abre con una frase de Robert McKee (“Las historias son el equipaje de la vida”), medio tomada en serio, medio puesta en duda, medio controvertida, y en uno de los momentos más hermosos, un personaje le dice a otro que le contará su historia pero el oyente debe, antes que nada, jurar que va creer en todo lo que se le dirá, es decir, pase lo que pase debe dar la historia por verdadera, incluso si los hechos resultan inconcebibles. La obsesiva proliferación de las historias, clásico proceder godiniano, complica el fácil discernimiento de las cosas, así que cuando decimos que esta película es como ninguna otra, la aseveración es completamente cierta. Se trata entonces de una película coral, aún así, el relato sigue con más atención la pequeña gran historia de amor que acontece entre un particular viudo y una muy afable mujer, llena de sorpresas y portadora de un rostro de incalculable dicha y pasión. Es una mujer de la que, en cualquier situación, podría decirse que es la mejor compañía. En la película un hombre sueña y es arduo decidir si lo que vemos es el sueño enfebrecido de este hombre o si es justo lo que pasa mientras él, en un trance, duerme intensamente. El placer acumulativo de esa incertidumbre entre sueño o realidad convierte a la película en una sobre las coincidencias. Alrededor de esas variadas y jocosas simultaneidades la película actúa con disimulado interés: no se trata solamente de reconocer el eco de una cosa sobre la otra sino de aumentar la dificultad para afirmar si esto y aquello son variaciones oníricas o recorridos funambulistas de una realidad que ya es extravagante e imprevisible. Con su disposición en ramas y aglomeración de corazonadas –característica fiel de un estado de ficción flotante–, Oublie pas le gruau celebra que el cine todavía puede hacer cosas que ninguna otra cosa sabe cómo hacer. Por ejemplo, dar con la incorruptible intimidad de una pareja sin, por compartirla y saberla dar a todos los espectadores, renunciar a la sensación de máximo calor corporal –aún en invierno y con nieve cayendo– y de secreto lenguaje que se transmite entre un rostro y otro. Con la suavidad acerada de toda la luz y la proliferación de puentes verbales que son a su vez historias prodigiosas, Godin recuerda que nunca hay una excusa para no hacer una película hermosa, de inicio a fin y sin cavilaciones sobre sus usos contra el dolor, la angustia y el miedo. 

PABLO ROLDÁN

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