Caminito al Cielo

Caminito al Cielo

Año:

1989

Duración:

37 MIN

País:

Chile

Idioma:

Español

Dirección:

Sergio Navarro

Producción:

Alejandro Elton

Luciana Sanfurgo

Guion:

Sergio Navarro

Fotografía:

Gonzalo Duque

Ricardo Carrasco

Matías Silva

Montaje:

Sergio Navarro

Gonzalo Duque

Elenco:

Luciana Sanfurgo (Relato)

los jóvenes de Villa Wolf

Horarios

Fecha/HoraTeatroCiudad
Viernes 4 de septiembre |
4:00 p.m.
Biblioteca Comfama Bello Centro Bello Bello
Martes 8 de septiembre |
8:00 p.m.
Antimateria Libros y CaféMedellín

Dirección:

Sergio Navarro

Sergio Navarro fue Director Artístico con mención en Cine de la Pontificia Universidad Católica y Doctor en Estudios Americanos de la Universidad de Santiago de Chile. Realizó cerca de quince documentales durante los años 1985 al 2002 en Chile, Ecuador y Canadá, además de dictar diversas cátedras en las universidades. Fue fundador de la carrera de Cine en la Universidad de Valparaíso en el año 2003 y fue su primer director. Discípulo de Raúl Ruiz y figura clave del video chileno de los 80 y 90. Desarrolló una filmografía profundamente personal centrada en la observación etnográfica y la exploración de la identidad social chilena. Tras su fallecimiento en 2021, su archivo personal fue depositado en la Cineteca de la Universidad de Chile, desde donde se emprendió un proceso de documentación y restauración de matrices originales de su obra, llevado a cabo en los laboratorios de la institución, recuperando materiales inéditos

Esta película se proyecta junto a:

 

Cuartito rosa, de Sergio Navarro

Sinopsis

Sinopsis

Esta es una película sobre la vida de los jóvenes del barrio Villa Wolf, en la localidad de La Pincoya, a finales de los ochenta. Lo que vemos es el ritmo de sus días y la euforia que, propia de su edad, electriza las impagenes. Es un trabajo realizado gracias al programa de salud Soinde, la oficina de Conchalí y el centro cultural La Ventana.

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Violencia sobre violencia apacigua el cuerpo que pronto es lanzado a un entorno hostil. Esto vemos en un grupo de adolescentes de la región La Pincoya. Algo está pasando… pititos de marihuana, chicotá y aspirina, ya sabemos su bello juego, de lenguaje y de drogas que proporcionan una válvula de escape. En el caminito al cielo antes se pasa por el lodo y algunos son conscientes de ello, de su papel crítico que establecen en la vida social, tomando formas de vivir alternas alejadas de la clase obrera instrumentalizada. “Delincuente es la palabra que le pusieron a los cabros de la población, a los que no trabajan, los que se llevan en la esquina, a eso llaman ellos delincuentes” Y si de una esquina son sacados, caerán nuevamente a otra, sin saber ni de dónde vienen, ni a donde reposarán nuevamente sus sombras. En Caminito al cielo se nos presentan las conversaciones, opiniones y diatribas dispersas en el aire mientras los pitos son pasados agregando capas de humo a esa “realidad”, tapando parte de su totalidad, entre-viéndola, sin muchas certezas más allá de los testimonios individuales y comunitarios sobre temas como: la familia, de qué manera son percibidos, el robo, los golpes y el amor (de familia y de pareja). Como en aquel caso de un amor destilado en celos, que se abrazan y se gruñen al instante, porque en su mente le vio con otro, porque sale con los chorros, porque silba y porque canta, porque sí, porque no. Esta misma forma de relato se escabulle evadiendo en parte una lógica de la causa y el efecto propia del entorno. Del mal acto, o el acto mal visto, y la castración o la pena asignada que en la mayoría de los casos, potencia el dolor. Un dolor rico en matices. Encerrarlos en la peni, por ejemplo, sacarlos de sus casas, golpearlos y demás, por manejar un puñal, fumar o cogotear (robar) “voy, saco del frigider cobre, lo vendo y compro pan con chancho”; la saliva hará que no pase tan seco, que no raspe tanto. 



Que no raspe tanto

un pulmón 

el estómago

el cuero 

 

Un puñal es una firma 

un beso raja la piel

a chorros

gamines pirañas nacos chibolos 

 

que si los dejan morir 

podrán vivir

MATEO SEPÚLVEDA

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