2019
96 MIN
Chile
España
José Luis Torres Leiva
Catalina Vergara
Constanza Sanz Palacios
Paulo de Carvalho
Gudula Mienzolt
José Luis Torres Leiva
Cristián Soto
Andrea Chignoli
José Luis Torres Leiva
Claudio Vargas
Catalina Saavedra
Raffaella Carrà
Amparo Noguera
Julieta Figueroa
Nona Fernández
Ignacio Agüero
Edgardo Castro
Mariano González
| Fecha/Hora | Teatro | Ciudad |
|---|---|---|
| Martes 8 de septiembre | 4:30 p.m. | Cineprox Las Américas | Medellín |
| Viernes 11 de septiembre | 4:00 p.m. | Biblioteca Comfama Bello - Centro | Bello |
Es director, guionista y productor. Estudió en la Universidad de Artes, Ciencias y Comunicación (UNIACC) de Chile. Sus películas se han proyectado en diferentes festivales del mundo y han recibido premios importantes. Su primer largometraje, Ningún lugar en ninguna parte, se estrenó en el 2003 y, desde entonces, ha construido una importante filmografía que, con pocas alteraciones sobre intereses y sobre el corazón de los procesos heterodoxos, con cada nuevo título encontraba una renovada manera para practicar la más contundente precisión con los materiales del mundo (más paciencia y más atención) y, al mismo tiempo, más vértigo emocional a través de la extensión de un plano. Su filmografía, ya desde sus títulos, da cuenta de su persistente exploración de relatos íntimos y territorios diversos. En general, es una obra que se ha sabido mover entre distintos formatos, géneros y modos de producción, utilizando eso a favor de una búsqueda artística en cuyo centro gravitan las preguntas éticas sobre el otro o el lugar de los sentidos en la materialidad del cine. Además de cineasta, es profesor universitario. En Cinemancia se proyectarán 11 de sus películas.

El título de esta película viene del verso inmortal de Cesare Pavese. El mismo poema tiene otro verso magistral: Para todos tiene la muerte una mirada. La película es sobre la muerte, pero también sobre las diferentes formas de alegría que encuentran los humanos. El relato es el de dos mujeres que han compartido toda una vida juntas cuando, de repente, se ven enfrentadas a la enfermedad de una de ellas. La mujer enferma decide no hacerse ningún tratamiento y la pareja toma la resolución de mudarse a una pequeña casa en el bosque hasta que llegue el día de su muerte. Es así como volverán a reencontrar el amor que con el tiempo fue sepultado por la rutina. Poco a poco fortalecerán su relación mientras fuera de la cabaña la muerte acecha, la muerta espera firme su venida.


Un estertor en medio del silencio, finito, una pura anomalía de los recatos provisorios ante la vastedad de la noche. Así podría sentirse el perfume sosegado y siempre inquietante de la muerte en Vendrá la muerte y tendrás tus ojos. Un desaparecer de sí que podría recordar a los ensayos del antropólogo francés David Le Breton. Torres Leiva gradúa este desvanecimiento del ser en el seno de la relación de dos mujeres adultas, María (Julieta Figueroa) y Ana (Amparo Noguera): la mujer a punto de partir y la mujer que asiste y convive los últimos días de esta partida. La película ha posibilitado que el amor entre ambas se pliegue a los materiales del mundo circundante pero también que el amor toque, con su ardor contradictorio, los actos y las palabras como si fuesen palomas mensajeras de posibles historias venideras. La película puede mirar de frente a los ojos de la muerte sin dejar de señalar con los planos la lozanía de otros seres, distantes o cercanos, que gradualmente se marchitarán, pero que pueden celebrar al borde de las mareas o danzar, embadurnados de tierra, bajo la lluvia. Amar como sátiros secretos en bosques oníricos. La película es profunda y contundentemente matérica, tenazmente descriptiva con los tratados aparentes del dolor y del cuerpo que va cediendo potencia para convertirse en rumor, pliega llantos y desvanecimientos al tiempo que describe las parábolas que realizan los vínculos finitos: esos desencadenamientos milagrosos que marcan la mente como pequeños lunares y que las arrugas en la piel se llevan consigo. Un orgasmo en la espesura de un bosque. Recibir los pañuelos que nos ofrece un extraño conmovido por nuestro llanto. Conducir un coche con los ojos cerrados mientras nuestro ser amado nos guía por el camino. En Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, el poema de Cesare Pavese, la muerte nos tiene preparada una mirada para todos, nos asoma a contemplar un rostro muerto, a escuchar la música de un labio cerrado para finalmente hundirnos en un remolino mientras enmudecemos. Torres Leiva con esta película reconfigura la experiencia estética, sinestésica y háptica del poema de Pavese pero sin olvidar los contracampos habitables que también nos devuelven la mirada mientras nos observan como pequeñas figurillas de cera, impávidos, contemplando nuestros propios abismos internos.
Valle de Aburrá, Antioquia