Alicia soñó con un faro

Alicia soñó con un faro

Año:

2021

Duración:

8 MIN

País:

Chile

Idioma:

Español

Dirección:

José Luis Torres Leiva

Producción:

Catalina Vergara

Camila Ramírez

Guion:

Alejandra Moffat

José Luis Torres Leiva

Fotografía:

Cristian Soto

Montaje:

José Luis Torres Leiva

Sonido:

Andrés Polonsky

Claudio Vargas

Elenco:

Amparo Noguera

Horarios

Fecha/HoraTeatroCiudad
Martes 8 de septiembre |
4:00 p.m.
Cineprox Las AméricasMedellín
Viernes 11 de septiembre |
4:30 p.m.
Biblioteca Comfama Bello - Centro Bello

Dirección:

José Luis Torres Leiva

Nacida en Bolivia en 1993, Luciana Decker Orozco estudió antropología en la UCB (Bolivia) y realizó un máster en Artes Cinematográficas en la Universidad de Wisconsin-Milwaukee. Su trabajo ha sido proyectado en diversos espacios, incluyendo los festivales de cine de Locarno y Rotterdam. También en la Mostra de cinema periférico en España y el festival Frontera Sur en Chile. Desde su primera edición, Cinemancia ha exhibido una nueva película de Decker. A través de interacciones íntimas y de una observación meticulosa, su trabajo profundiza en la esencia espectral, visceral y huidiza de los lugares, los objetos y la materia. En el cine de Decker, el acceso de visión es un asunto de distancia: las cosas que más cerca se ven, tan cerca que ensanchan todos los planos, son las cosas que más interés nos generan. Su método de creación contempla la necesidad del proceder “artesanal”: filmar, revelar, componer. En sus películas, su presencia es también más o menos fantasmal: participa tanto delatando como ocultando su presencia, investigando los espacios intersticiales donde se desarrollan la mediación y las relaciones.

Sinopsis

Sinopsis

Alicia tiene un nuevo día frente a ella. Es escritora pero le está costando terminar incluso un solo párrafo. Quiere escribir sobre los faros, los barcos, los marineros, sobre el mar, las olas y los precipicios de piedras. Los barcos y sus navegantes usan los faros para llegar a tierra. Ella, en tierra pero aparentemente perdida, tiene que encontrar una mejor forma de enfrentar su destino. Parece que ha perdido su arraigo existencial.

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Alicia tiene una extraña relación con el mundo: no sale de su apartamento –nunca de día, solo a veces, por la noche, para tratar de ir a algún bar– y lo que entra de la vida por su ventana le causa escozor en el cuerpo. Sin embargo, tiene una obsesión con los faros. Admira la vida marina y la importancia que, dentro de ella, sostienen los faros y su luz aliviadora. Sus días, entonces, están sujetos a una rara incomodidad: ella preferiría estar escuchando el mar, conociendo faros y no solamente escribiendo sobre ellos, aún así, Alicia no se mueve de casa. Su refugio es más que eso, cárcel, fortaleza, torre segura. Entre ella y el mundo –que tanto dice admirar– hay una raya peligrosa, un límite triste. En un momento, ella nos dice: “Casi todas las emociones fuertes me dan dolor de cabeza, ¿será que mi piel es muy delgada?”. La enorme delicadeza de José Luis Torres Leiva hacia esta mujer que, encerrada en su apartamento, siempre tiene frío y toma vino y café simultáneamente, se concentra en una densa tranquilidad. Quizás Alicia esté desesperada, pero nunca la vemos desesperadamente. Quizás Alicia incuba un grito duradero contra aquello que la agarra y la hunde mientras se levanta y camina de una habitación a otra, pese a todo, nunca la vemos acelerada o coqueteando con la locura. Su rostro, sabio e intrincado, siempre deja ver los albores de la vida. Alicia también es y no es la actriz Amparo Noguera, presencia recurrente en el cine de Torres Leiva. Su cuerpo, devoto a la quietud, lleno una fuerza que, inexplicablemente, nace en los párpados e inagotable en una ternura seca y una hostilidad imposible, domina la película y su atmósfera. Entre ella y el director de la película pasa algo que es, sencillamente, el material de todas las grandes películas. El firme espíritu literario de Torres Leiva y, en general, la vocación literaria de todo el cine, fantástica y falsamente ligera como el viento en un roquedal, está en un estado de gracia feliz y sutil en esta película: las palabras conservan el poder de los gestos y los gestos avanzan hacia el poder de las miradas. A su vez, todo aflora por los efectos de una misteriosa fuerza, la de la voz mágica que abre una imagen en diferentes partes y muestra el mundo como materia interminable.

PABLO ROLDÁN

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