Solo qu3r3mos un poco de amor

Solo qu3r3mos un poco de amor

Año:

2024

Duración:

75 MIN

País:

Argentina

Idioma:

Español

Dirección:

Raúl Perrone

Producción:

Raúl Perrone

Guion:

José Luis Torres Leiva

Fotografía:

Raúl Perrone, Emma Echevarria,

Maximiliano Ubalde

Montaje:

Raúl Perrone

Sonido:

Raúl Perrone

Música:

Juan Marco Litrica y otros

Elenco:

Rocío Techeira, Bruno Giacobbe,

Orieta Valenti, Constantino Coto

Horarios

Fecha/HoraTeatroCiudad
Domingo 6 de septiembre |
7:00 p.m.
Centro Colombo Americano - Sede centro - Sala 2 Medellín

Dirección:

Raúl Perrone

Raúl Perrone nació en Ituzaingó, Buenos Aires, donde ha filmado más de 60 películas de manera independiente. Entre ellas 5 pal’ peso, Favula, P3nd3j05 y Corsario. En 2015, la Viennale realizó una retrospectiva de su obra.

Esta película se proyecta junto a:

 

Chico eléctrico de Ingrid Pokropek

Sinopsis

Sinopsis

hace tiempo que decidí no hacer mas sinopsis
De mis películas
Quiero que la gente llegue sin saber
que va A mirar.
Tampoco habrá un tráiler – son mentirosos
Y nunca reflejan realmente
El espíritu de la película.
Gracias por comprender.

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Reflexión

La obstrucción de la luz revela un mundo escondido. Las nubes, siempre testigos de la miseria, decoran el cielo de Ituzaingó. Nos hechizan en un acto de dicha. Una suspensión que se desliza como las ruedas de un carro de compras. Ahí, un hombre y una mujer (Bruno Giacobbe y Rocío Techeira) sonríen, y luego deambulan por las calles del barrio. Quieren olvidarse de todos los dolores de aquella angustia insoportable que recorre su cuerpo para deleitarse, por fin, con los placeres que promete el escape. Un espacio de refugio donde puedan hacer todas las escenas de sus películas favoritas y, mientras recuerdan Ladrón de bicicletas, volcarse sobre la sutil seducción de robar. Los personajes de Solo qu3r3mos un poco de amor sueñan con robar, pero también filman su entorno. Son pibes que, en los estragos de la violencia que bordea las imágenes, persiguen el consuelo y entran, como todos aquellos que fueron inmortalizados por el ituzainguense indomable, en ese país extranjero llamado cine. En una escena, la chica encuentra a un joven que habla italiano, quien aclara que domina el idioma de Pasolini porque invertía su tiempo viendo cine, y, en ese momento, la chica le entrega uno de sus poemas favoritos. La lectura ocurre simultáneamente en dos lenguas, ambas extranjeras: la lengua italiana y la poesía. El resto de Solo qu3r3mos un poco de amor, también, está hablado en un idioma extranjero. Las palabras se invierten, ralentizan, rebobinan. Serían ininteligibles si no fuese por los subtítulos, ya que no se corresponden con ningún dialecto existente. A veces los personajes regresan al castellano, pero principalmente recurren a este idioma desconocido, inventado por el cine. Con la dislocación de la sincronización entre imagen y sonido, cuya búsqueda desplaza el vococentrismo de su dispositivo cinematográfico, Perrone evoca una experiencia perceptiva que excede la legibilidad y, en la crudeza de estas conversaciones sobre ketamina y pornografía, excava la belleza que resguardan sus rincones devenidos en sombras. Esta belleza queda registrada con una cámara estenopeica, sin lente, que difumina los contornos en rostros que, repletos de ruido, se vuelven un acontecimiento plástico. Se alterna libremente entre la monocromía y el color, y mientras las capuchas empiezan a parecerse al velo de la Virgen, suena de fondo la oración del Ave María. Esta sublimación de la experiencia, de algún modo, remite a la pintura medieval: una representación que abre, desde la iconografía, una ventana a lo sagrado. La sacralización de Perrone, que rescata las experiencias marginales para atestiguar a sus personajes como mitos, es un noble afano a Pasolini y evidencia su cinefilia: en la creación artística, afanar se vuelve una herencia que, con enorme gratitud, continúa una cierta tradición.

JUAN RECUERO

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