Para hacer una película solo se necesita un arma

Para hacer una película solo se necesita un arma

Año:

2026

Duración:

146 MIN

País:

Argentina

Idioma:

Español

Dirección:

Santiago Sein

Producción:

Punto de Fuga, DEEFE, Eugenia Monti

Guion:

Santiago Sein

Fotografía:

Marcos Rostagno

Montaje:

Lucía Torres Minoldo

Sonido:

Atilio Sánchez, Santiago Aguirre

Música:

Atilio Sánchez

Elenco:

Alberto Perona, Fernando Cots,

Ana Mohaded, Roberto Videla.

Horarios

Fecha/HoraTeatroCiudad
Miércoles 9 de septiembre |
6:30 p.m.
Centro Colombo Americano - Sede centro - Sala 2 Medellín

Dirección:

Santiago Sein

Santiago Sein es cineasta cordobés y egresado de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), donde imparte clases en el programa de Cine y Televisión. Es director del Centro de Producción Audiovisual de la Facultad de Bellas Artes y del Centro de Documentación Audiovisual de la universidad. Su trabajo abarca largometrajes, documentales para televisión y proyectos audiovisuales de investigación. Ha dirigido más de 10 series documentales para Canal Encuentro y TV Pública, abordando la historia social, la memoria y los procesos políticos en Argentina. Para hacer una película solo hace falta un arma (2026) continúa esta línea de investigación.

Sinopsis

Sinopsis

A mediados de la década del 70, los primeros estudiantes de cine de la Universidad de Córdoba son perseguidos y sus películas destruidas por integrantes de las fuerzas armadas. 50 años después, en un viejo depósito de la ciudad universitaria, aparecen decenas de latas con material fílmico. Entre los rollos de película, mezclados con cortos de ficción y ocultos bajo otro nombre, hay una serie de registros documentales con manifestaciones populares y escenas de represión de los años 70. Medio siglo después, esas imágenes recuperan la pasión de una generación y el abrupto final de sus sueños.

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Reflexión

ANDRÉS MUNERA

En 1998 Georges Didi-Huberman con Cara a cara con la materia toma de los depósitos del museo Grevin una cabeza obsoleta, esculpida en cera, del político republicano Gambetta, la coloca sobre una cacerola y la calienta a fuego lento con un hornillo. Filma una pieza de alrededor de tres horas y media que documenta el derretimiento del rostro, desde la “realista semejanza” hasta la visión de lo informe. Didi-Huberman proyecta una parte de la pieza en el museo del Louvre, el momento preciso en que los dos ojos de vidrio de la efigie de Gambetta se desprenden del cráneo derretido a medias y ascienden a la superficie, generando gritos de espanto entre algunos espectadores. “¿Cómo ver los síntomas de las cosas en estado de transformación, los indicios de una destrucción tan lenta?” Especula Didi-Huberman a través de la pieza. Para hacer una película solo se necesita un arma, la película del cineasta cordobés Santiago Sein trabaja con postulados similares a través de un acontecimiento: El descubrimiento de películas que se consideraban perdidas desde 1976 hechas en la Universidad Nacional de Córdoba. Los materiales albergan ejercicios académicos realizados durante la dictadura por los estudiantes franceses Pierre Vigier, Gerard Guillemot y el argentino Rodolfo “Rudy” Wratny pero también resguardan registros de diferentes episodios de la época, como un viaje a Trelew después de los fusilamientos, la vuelta de Perón o las protestas obreras y estudiantiles en el barrio industrial de Ferreyra, en Córdoba. Sein, como Didi-Huberman, componen una experiencia que registra el devenir imperceptible, con su terrible banalidad y potencia invisible, como los ojos de la cabeza de cera de Gambeta que se funden con el líquido de la catástrofe inevitable de los acontecimientos. Sein es consciente de las operaciones matéricas auscultadas en los soportes fotoquímicos encontrados en la Facultad de Artes de la Escuela de Cine y despliega alrededor de ellos una imaginería alquímica que divide la experiencia en tres partes: Las armasPrimavera en otoño y Tierra arrasada que en términos de sus abordajes y representaciones podrían ser el acontecimiento – la especulación – el detrito testimonial. De los tres bloques podrían brotar toda clase de ensayos, dada la riqueza de la investigación y los abordajes plásticos. El palimpsesto testimonial que cada soporte fotoquímico esconde en sus revestimientos es explorado por Sein haciendo que se reformulen nuevos paradigmas de la relación –siempre presente y espectral– del cine argentino con el archivo y sus pliegues de sentido. Esta es una película que redime el pasado histórico de los artefactos cinematográficos (emocionante la secuencia de la “resurrección” de la moviola robada a  la facultad), las cámaras secuestradas por la dictadura filman ahora movilizaciones y celebran los rostros que persisten a la infamia y permiten que un grupo excepcional de cineastas no sean olvidados en estos tiempos donde el autoritarismo busca componer los relatos, la fundamental violencia del calor que deforma los frágiles acontecimientos de la historia como la cera derretida de un busto irreconocible.  

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