2026
4 MIN
Colombia
Español
Juan Chispas
Bromelia
Hans Chispas
Paula Rodríguez Polanco
Hans Chispas
Hans Chispas
| Fecha/Hora | Teatro | Ciudad |
|---|---|---|
| Sábado 4 de septiembre | 7:00 p.m. | Teatro Comfama Alfonso Restrepo Moreno | Medellín |
Juan Chispas es un director y editor de cine colombiano residiendo en París. Trabaja con imágenes preexistentes, y tambien experimentando en diversos formatos como el super 8, 16mm y el VHS. Su práctica experimental busca generar reflexión sobre el estatuto de las imágenes en la sociedad contemporánea y sobre los impactos del capitalismo tardío en nuestra relación al espacio y al cotidiano. Prepara actualmente su primer largometraje Save You Somehow.

Lamentos de un balcón es una película experimental que indaga sobre la arquitectura de la zona del Rodadero (Santa Marta, Colombia) en su relación con el turismo de masa.


Resulta fundamental para la construcción de esta película la cotidiana actividad que hace el humano llamada parpadear. A menos de que exista un deseo y una fuerza motora que lo cumpla, es usual que todo parpadeo pase desapercibido. Sin contar su necesidad fisiológica, ¿para qué sirve un parpadeo? Separa las imágenes, o las junta. Es justo ese resultado el que investiga esta película dominada por la rapidez y los efectos de la acumulación. Lamentos de un balcón conecta, además de los límites de diferentes sentidos (la vista puesta a prueba y la escucha como contrapunto de calma), tiempos y vacíos polares. Un primer intertítulo dispone la razón de la mirada y, muchos años después, se ve el fino nexo de un tiempo con otro. Tres años importantes: 1510, 1954 y 2025. En 1510 no había aviones. La primera imagen de la película es un avión. Un avión tragado, en partes interrumpidas, por el negro absoluto de la imagen. Después viene algo mucho más completo: diverso apenas en un ínfimo momento. Se verá rápidamente que, aunque las imágenes estén tan dispuestas a escaparse de la pantalla –y de nuestros ojos– como el agua entre los dedos, todo lo que la luz revela tiene un rasgo homogéneo. Un balcón es un balcón, pero en la película todos los balcones son iguales. La arquitectura playera, hecha para la falsa convivencia con el sol y su densa luz –canicular o no–, también da un orden específico. El esqueleto de una playa ya no está en la arena, está en el cemento y en los avisos que promocionan estadías y confort. La película imagina un ojo sin gobierno. Esta pelea contra las leyes permite que, como era de esperarse, lo que se veía tan fijo y tan determinante deje de serlo. Un nuevo montaje, una nueva sucesión, un nuevo vértigo sensorial inexorablemente vuelve a componer el mundo, así sea para dar con aquellas grietas que lo revelan como espacio imposible y enloquecido. En la película, ver, que es una acción contundente, termina hecha añicos, reformada por completo. Ver estaría mucho más emparentado con el contacto móvil que con retener.
Valle de Aburrá, Antioquia