El cielo, la tierra y la lluvia

El cielo, la tierra y la lluvia

Año:

2008

Duración:

110 MIN

País:

Chile

Idioma:

Español

Dirección:

José Luis Torres Leiva

Producción:

Bruno Bettati

Elise Jalladeau

Peter Rommel

Jirafa, Charivari Films

Rommel Film

Guion:

José Luis Torres Leiva
Carlos Valenzuela

Fotografía:

Inti Briones

Montaje:

Ilán Stehberg

José Luis Torres Leiva

Sonido:

Ernesto Trujillo

Roberto Espinoza

Elenco:

Julieta Figueroa

Pablo Krögh

Angélica Riquelme

Norma Ortiz

Horarios

Fecha/HoraTeatroCiudad
Jueves 10 de septiembre |
6:30 p.m.
TerkoCopacabana
Viernes 11 de septiembre |
4:00 p.m.
Centro Colombo Americano - Sede centro - Sala 1Medellín

Dirección:

José Luis Torres Leiva

Es director, guionista y productor. Estudió en la Universidad de Artes, Ciencias y Comunicación (UNIACC) de Chile. Sus películas se han proyectado en diferentes festivales del mundo y han recibido premios importantes. Su primer largometraje, Ningún lugar en ninguna parte, se estrenó en el 2003 y, desde entonces, ha construido una importante filmografía que, con pocas alteraciones sobre intereses y sobre el corazón de los procesos heterodoxos, con cada nuevo título encontraba una renovada manera para practicar la más contundente precisión con los materiales del mundo (más paciencia y más atención) y, al mismo tiempo, más vértigo emocional a través de la extensión de un plano. Su filmografía, ya desde sus títulos, da cuenta de su persistente exploración de relatos íntimos y territorios diversos. En general, es una obra que se ha sabido mover entre distintos formatos, géneros y modos de producción, utilizando eso a favor de una búsqueda artística en cuyo centro gravitan las preguntas éticas sobre el otro o el lugar de los sentidos en la materialidad del cine. Además de hacer películas, es profesor universitario. En Cinemancia se proyectarán 11 de sus películas.

Sinopsis

Sinopsis

En el sur de Chile, un paisaje rural frío y lluvioso parece ganar terreno hasta borrar definitivamente cualquier horizonte de escape. Ana, Verónica, Marta y Toro son cuatro personas solitarias que viven en la rutina y el silencio, aún así, se acompañan sin necesidad de decir nada. Buscan amor, sexo, afectos familiares y espacios y tiempos propios no sólo para desprenderse de la soledad sino también, para, finalmente, encontrarse ellos mismos.

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Reflexión

“Tuve un sueño, soñé que era feliz… Después me iba y no volvía nunca”, dice Victoria, uno de los personajes de El cielo, la tierra y la lluvia mientras camina junto a su amiga Ana por un camino rural de Valdivia. En esta película, los personajes se desplazan constantemente, pero sus recorridos parecen no ir a ninguna parte, el lugar que habitan los retiene y los envuelve en su densa bruma. A su vez, el paisaje posee una carga sensorial y emotiva que conecta con el sentimiento de lo insólito; siempre hay algo que parece estar a punto de suceder. El ambiente húmedo, frío y nublado de esta ciudad influye directamente en la vida y en el estado de ánimo de sus habitantes, afecta sus cuerpos y sus mentes. El espacio es una presencia viva y enigmática que los acompaña y los mira con sigilo. Los personajes no se expresan, hablan apenas lo necesario y parecen contener siempre una melancolía y un malestar a punto de desbordarse. El sonido de la naturaleza ocupa el lugar de sus silencios. Los espacios interiores y exteriores acentúan su aislamiento físico y emocional: el adentro no es sinónimo de calor y refugio, sino de encierro y soledad; el afuera es un espacio abierto e inabarcable donde es posible perderse y desaparecer. Sin embargo, en este ambiente sombrío y aparentemente inhóspito, la ternura existe, aunque sea pequeña, silenciosa y frágil. A medida que pasa el tiempo, por los intersticios de este paisaje frío y solitario se filtran destellos de humanidad, deseos de compañía y muestras de afecto. Las acciones de los personajes se convierten en una forma de acercarse a los otros y establecer vínculos cuando las palabras no alcanzan. Cuidar un cuerpo enfermo, regalar manzanas, acompañar el llanto… Son pequeños actos de ternura y calidez que aparecen tímidamente y que, sin alterar el paisaje, mantienen viva una comunidad. A veces, de las piedras nacen flores y los humanos comprenden que su vida es transitoria, apenas un movimiento dentro de la inmensidad.

PAULA DÍAZ

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