2025
19 MIN
Marruecos, Egipto
Árabe
Abdellah Taïa
Sophie Penson
Judith Abitbol
Saïd Hamich Benlarbi
Abdellah Taïa
Abdellah Taïa
Nobuo Coste
Tristan Lhomme
Théo Cancelli
Sayed Darwish
Oum Fatma
Abdellah Taïa
Youssef Chahine
Khaled
Hissine
| Fecha/Hora | Teatro | Ciudad |
|---|---|---|
| Viernes 4 de septiembre | 6:00 p.m. | Teatro Caribe | Itagüí |
| Viernes 11 de septiembre | 4:30 p.m. | Cineprox Las Américas | Medellín |
Nacido en Rabat, Marruecos, en 1973, Abdellah Taïa ha publicado varias novelas que han sido galardonadas en todo el mundo. En 2014, dirigió su primera película, The Salvation Army. Basada en su novela, la película fue seleccionada para el Festival de Cine de Venecia y el Festival Internacional de Cine de Toronto, y recibió el Gran Premio en el Festival Europeo de Óperas Primeras de Angers, así como el Premio Global Filmmaking del Instituto Sundance. En español, sus novelas han sido publicadas por Cabaret Voltaire. Vive exiliado en París. Siempre atento a la actualidad política marroquí y del mundo árabe, colabora habitualmente en la prensa internacional con artículos de opinión

Un álbum de fotografías, además de atesorar una historia personal, esconde una serie de contextos que le permite a la memoria evocar con aún más desahogo e intimidad. Ignacio Agüero comparte su colección familiar junto a la montajista de sus últimos trabajos, Sophie França. A partir de recuerdos domésticos, el cineasta reconstruye las obras más importantes de su carrera y sus motivaciones “Un documental es la lectura de un espacio central”.


La belleza de la película de Abdellah Taïa, como aparece en el poema Tabaquería de Pessoa, es la capacidad de plegar los sueños y el misterio de las cosas que se olvidan a la dimensión de un espacio particular hasta convertirlo en un habitáculo o en la Vía Láctea. Así sucede en Cairo Streets, donde el cineasta y escritor marroquí regresa a Egipto después de mucho tiempo para buscar un amor fantasma, uno que la pantalla en negro convoca con el nombre de “Omar”: “enero, 2007. Regreso a El Cairo por trabajo. Has cambiado tu número de teléfono, Omar. Tengo que encontrarte… Te quiero. Abdellah”. La rapsoda se despliega, el cineasta es posible flâneur que reconquista los espacios del Cairo con una dulzura frágil, como la del poeta de Tabaquería, que deja versos donde los demás dejan ausencias. Los versos de Taïa son los planos que va recogiendo con una modesta cámara mini-dv que hechiza a los hombres solitarios de las calles, con sus tupidos bigotes de susurrantes hablares. Solo hay que recordar ese bello instante donde el cineasta elogia la galabiya de un hombre mientras lo filma, como si fuese la columna de una mezquita, para después repetir la operación frente a un espejo filmándose a sí mismo usando la misma galabiya, la túnica como un puente entre la huella del amor buscado y la melancolía que le regresa la mirada inquieta del hombre. Abdellah ha convertido el retrato de una ciudad en una extensión de su espíritu, como un José Luis Guerín, un Johan van der Keuken o un Abbas Fahdel. En conclusión, como los grandes cineastas viajeros que contagian al ritmo del mundo pasajero con la indocilidad de sus miradas. Bello es ese retrato nimio e infinito que hace también Taïa del legendario cineasta egipcio Youssef Chahine que recuerda tanto a la aparición de Mohsen Makhmalbaf en Close-Up de Kiarostami. El amor ha hecho de esta breve película su propio bebedero para pájaros, para el pájaro Omar, uno cuyas alas nunca vemos, pero cuyo viento al batirlas podemos sentir.
Valle de Aburrá, Antioquia