2025
78 MIN
Chile
Español
Diego Soto
Manuel Vlastelica
Diego Soto
Fernando Fuentes
Diego Soto
Manuel Vlastelica
Manuela Thayer
Diego Soto
Alexis Donoso
Claudio Carrasco
Los vidrios quebrados
Los cuatro de Chile
Natacha García
Germán Insunza
Martín Insunza
Isidora Gálvez
Felipe González
| Fecha/Hora | Teatro | Ciudad |
|---|---|---|
| Viernes 4 de septiembre | 6:00 p.m. | Teatro Caribe | Itagüí |
| Viernes 11 de septiembre | 4:30 p.m. | Cineprox Las Américas | Medellín |
Diego Soto (Rancagua, 1993) Realizador cinematográfico por la Escuela de Cine de Chile, y licenciado en Documental por la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Dirigió dos cortos documentales y el largometraje Un fuego lejano (2019). Su hermosa película Muertes y maravillas se proyectó en la competencia central de Cinemancia 2023.

La película comienza con una situación complicada: Nieves administra un balneario y siente que tiene mucho más por hacer, sus planes de negocio son ambiciosos. Las responsabilidades del trabajo las comparte con su hijo, menos inclinado a la visión meticulosa de su madre. La visita de un motociclista cambia su rutina: él se enamora de ella, pero el romance, desincronizado, parece destinado al fracaso. Luego, se suma un vértice más: la llegada de una cineasta que prepara una adaptación de La tempestad. La directora quiere que Nieves y su enamorado, al que ella retiene en ascuas, sean los protagonistas. Aquella película lo altera todo y desdibuja los límites entre ficción y sentimientos.


Las corazonadas suelen aparecer cuando todavía no existen certezas. En esta película, la intuición precede a las explicaciones. La decisión de confiar en un desconocido, el surgimiento de un amor inesperado o la irrupción de una ficción dentro de otra, parecen responder a una misma lógica: avanzar hacia aquello que aún no puede explicarse del todo. Situada en un balneario rural, la película sigue a una mujer y a su hijo mientras la rutina se ve alterada por la llegada de un motociclista, iniciando una relación que modifica lentamente el equilibrio cotidiano. Sin embargo, la aparición posterior de un equipo de filmación desplaza la historia hacia otro terreno. A medida que los protagonistas pasan a formar parte de una película, los límites entre experiencia, actuación y deseo comienzan a perder estabilidad. La película encuentra buena parte de su singularidad en el trabajo con actores naturales pertenecientes al entorno familiar del director. Los diálogos, las pausas y las interacciones cotidianas poseen una espontaneidad que vuelve porosa la frontera entre ficción y vida. La aparición del propio dispositivo cinematográfico dentro del relato, incluyendo la presencia del director y del equipo de filmación, introduce una reflexión sobre las distintas formas de representación. Los personajes pasan progresivamente de ser observados a convertirse en intérpretes de sí mismos, mientras el cine deja de funcionar como una mirada exterior para integrarse plenamente al mundo que registra. La atención se desplaza constantemente hacia los márgenes: animales que recorren el encuadre, árboles movidos por el viento, cambios de luz o gestos cotidianos que parecen reclamar una importancia equivalente a la de los personajes. El paisaje deja de funcionar como telón de fondo para convertirse en una presencia activa, cercana y extraña al mismo tiempo, capaz de atraer la mirada sin revelar por completo aquello que contiene. Como ya ocurría con la poesía en Muertes y maravillas, La corazonada encuentra en una forma artística una manera de reorganizar la experiencia cotidiana. Aquí ese lugar parece ocuparlo la representación. El teatro, el cine, la música y los afectos terminan reflejándose unos en otros mientras los paisajes de la zona central de Chile se convierten en presencias activas dentro del relato. Como su propio título sugiere, La corazonada avanza guiada por intuiciones más que por certezas. Antes que demostrar una idea, parece buscarla. El romance, el paisaje, la representación y la música funcionan como caminos abiertos hacia un descubrimiento que involucra tanto a los personajes como a la propia película. En ese recorrido aparece una de las constantes del cine de Soto: la convicción de que filmar consiste menos en confirmar aquello que ya se sabe que en acercarse a aquello que todavía permanece desconocido.
Valle de Aburrá, Antioquia