Una Dança Non Sancta

Una Dança Non Sancta

Año:

2025

Duración:

7 MIN

País:

España

Idioma:

Sin diálogos

Dirección:

Tiago Almança

Producción:

Tiago Almança

Guion:

Tiago Almança

Fotografía:

Tiago Almança

Montaje:

Tiago Almança

Música:

nara is neus

Elenco:

Habitantes de Luzón

Horarios

Fecha/HoraTeatroCiudad
Martes 8 de septiembre |
5:30 p.m.
ITM – Facultad de Artes y Humanidades (Sede La Floresta) Medellín
Miércoles 9 de septiembre |
4:30 p.m.
Centro Colombo Americano - Sede centro - Sala 1 Medellín

Dirección:

Tiago Almança

Cineasta y director de fotografía hispano-portugués. Su obra combina reflexiones personales, diarios de viaje y retratos íntimos que fusionan documental y experimentación. Trabaja principalmente con película Super 8 y 16 mm, y su proceso creativo apuesta por el azar y la espontaneidad, de forma que la cámara capture la vida sin artificios.

Sinopsis

Sinopsis

Cada invierno, un pueblecito de Castilla-La Mancha llamado Luzón deviene un pequeño infierno. Sus habitantes, convertidos en demonios, se internan en la oscuridad y recorren sus calles con cuernos, campanas y embadurnados en hollín. Una dança non sancta podría ser solo un documental antropológico. En vez de eso, decide adentrarse en el averno con los vecinos del municipio para participar e inmortalizar este ritual impío.

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Reflexión

ANDRÉS MUNERA

El cineasta hispano-portugues Tiago Almança reviste su cámara con apariencia mefistofélica en la ritual Una dança non sancta; filmada en un pequeño municipio de Castilla-La Mancha donde durante una noche sus habitantes transmutan en entidades con cornamentas y pieles encenizadas que recuerdan a los motivos más abstractos de los Aquelarres pintados por Goya en La Quinta del Sordo y a la relación impetuosa entre la naturaleza y las formas apenas anunciadas por la luz del cine de Benjamin Christensen. Almança ha entendido que la metodología estudiosa del acontecimiento ritual debe ser superada para dar paso a una impregnación fílmica-danzante donde su cámara se mimetiza con los pequeños diablos al tiempo que las operaciones del montaje permiten aperturas al frenesí y a la desembocadura delirante de las danzas umbrías, que se impresionan al soporte fotoquímico con arrobamiento centrípeto, permitiendo que la experiencia se sublime y al mismo tiempo se sienta como una melodía etérea y circular. Una proeza, aparentemente sencilla, pero que devela su complejidad al aproximar la mirada al registro de la festividad nocturna.  

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