The Children’s Hour

The Children’s Hour

Año:

1961

Duración:

108 MIN

País:

Estados Unidos

Idioma:

Inglés

Dirección:

William Wyler

Producción:

Robert Wyler

William Wyler

Guion:

John Michael Hayes

Lillian Hellman

Fotografía:

Franz Planer

Montaje:

Robert Swink

Sonido:

Fred Lau

Don Hall

Buddy Myers

Música:

Alex North

Elenco:

Audrey Hepburn

Shirley MacLaine

James Garner

Horarios

Fecha/HoraTeatroCiudad
Lunes 7 de septiembre |
5:30 p.m.
ITM – Facultad de Artes y Humanidades (Sede La Floresta) Medellín

Dirección:

William Wyler

Wyler, con el nombre de nacimiento de Willi Weiller, nació en 1902. Se educó en Lausana (Suiza), y luego estudió violín en el Conservatorio de París. Estaba emparentado con Carl Laemmle, fundador de los estudios Universal Pictures, a través de su madre, prima de Laemmle. En 1921 se trasladó a los Estados Unidos. Gracias a estas conexiones familiares, y sobre todo por su talento precoz, fue el más joven director de la Universal en 1925. En 1928, se convirtió en ciudadano naturalizado estadounidense. Pronto demostró que era un competente artesano y un riguroso director de escena, y a principios de los años treinta se convirtió en uno de los mejores activos de la Universal. Cultivador de variados géneros, perfeccionista y meticuloso, su filmografía lo acredita como uno de los mejores cineastas de los años 40 y 50, que supo aunar en sus películas la claridad narrativa con un sólido tratamiento de los personajes y de las relaciones humanas.

Sinopsis

Sinopsis

Una alumna rebelde de un internado privado para chicas acusa escandalosamente a las dos mujeres que lo dirigen de mantener una relación sentimental. Michael Koresky rescata: “sigue siendo una obra apasionante, a veces desgarradora, en su desarrollo dramático; hay un placer inquietante y masoquista en ver cómo estrellas tan sofisticadas y serenas caen en paroxismos de culpa y paranoia. La esencia de su tragedia no ha perdido fuerza, aunque se la considere en general una representación anticuada de la vergüenza”.

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Con variados tonos de veracidad, el nombre de Wyler está directamente asociado con el cine clásico de Hollywood, donde las más de las veces todo era, en esencia, perfecto. En The Children’s Hour, en cambio, todo parece ser un infierno. Ambiente claustrofóbico, niños que se confunden con pequeñísimos diablos, sensación abrumadora de vigilancia imperecedera, susurros siempre oídos a medias. Cosa curiosa: la película afina todos los recursos para ser perfecta y todo lo que está adentro es devastador. Además, el campo de la tragedia es grande. Estructurada como un torbellino, de ella podemos decir que filma cómo toda la extensión de un universo puede irse, sin mediación posible, al traste. La primera secuencia de las niñas en sus bicicletas será un parangón irrepetible y, por supuesto, muy difícil de recrear. Nada será como antes, quizás esa frase está en el subsuelo de cada plano. Dos mujeres que administran y ejecutan las más minuciosas acciones para asegurar el buen funcionamiento de una escuela femenina tambalean con cada ladrillo de su mundo pues han sido acusadas de una cosa atroz. Se ha dicho que son lesbianas. ¿La prueba? El comentario de una pequeña niña, alterada por un castigo que recibe. Protagonizada por dos grandes tótems, Audrey Hepburn y Shirley MacLaine, la película hace de las lágrimas un arte de fácil parálisis. Lo que quiero decir es que ver llorar a Shirley MacLaine tiene algo que lleva directo hacia la más absoluta congoja. MacLaine es una fuerza sin freno, es locuaz y es acelerada. Hepburn, más estoica, representa su tragedia en la repetición de un gesto solemne: mirar el cielo y sopesar la actualización que el presente hace sobre el futuro sin dedicarse, por poco que sea, al pasado. Es un cruel borrón y cuenta nueva, imagina Hepburn, que, delgada, eleva constantemente los brazos, quizás una estrategia de defensa o un signo irrefutable del cansancio. Los recursos que emplea Wyler para revelar las acusaciones contra las mujeres son sumamente ingeniosos; la niña monstruosa que da pie al rumor se lo cuenta a su abuela, que la adora, y ella, con una sonrisa diletante, le pregunta: “¿Por qué tienes que susurrarlo?”. La niña responde: “No lo sé, ¡es que tengo que hacerlo!”. El diálogo alude al amor que no se atreve a decir su nombre, al tiempo que apunta a una campaña de rumores, literalmente, musitados. Además del torbellino, la película imita la propagación de un virus. Una vez instalada la idea de este “devastador crimen pasional”, las cosas se van contagiando: un hueco grande se abre sobre las cosas que vemos. Es una actitud genial que afirma la tradición melodramática de Wyler, allí donde este relato –conscientemente– desnuda las pobres convenciones de una rutina fracasada. En un momento romántico, Hepburn y su pareja sentimental hacen planes de matrimonio y procreación que rezuman el conservadurismo de los años 50: aparecen perfectamente encuadrados, sentados en un coche con una retroproyección de fondo. The Children’s Hour, quizás mejor que ninguna otra película, realmente ayuda a darle una profundidad renovada al peso de las palabras “sick” y “dirty”, que en español podrían ser “enfermos” y “sucios”, aunque hay una cantidad de matices que se pierden. Con esta selección Michael Koresky prueba ser un gran elocuente.

JUANA VARGAS

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