Ver y escuchar

Ver y escuchar

Año:

2013

Duración:

90 MIN

País:

Chile

Idioma:

España

Dirección:

José Luis Torres Leiva

Producción:

Catalina Vergara

Guion:

José Luis Torres Leiva

Fotografía:

Cristián Soto

Inti Briones

José Luis Torres Leiva

Niles Atallah

Montaje:

José Luis Torres Leiva

Sonido:

José Miguel Miranda

Elenco:

Alejandro Ojeda

Monica Roca

Hans Robinson

Luz Hernández

Katerinne Gallardo

Angel Gallardo

Marcela Grove

José Aurelio Montino

Carola Mujica

Javier Rodriguez

Carolina Díaz

Daniela Navarro,

Natalia Hodge

Horarios

Fecha/HoraTeatroCiudad
Miércoles 9 de septiembre |
7:00 p.m.
La Capilla del Claustro ComfamaMedellín

Dirección:

José Luis Torres Leiva

Es director, guionista y productor. Estudió en la Universidad de Artes, Ciencias y Comunicación (UNIACC) de Chile. Sus películas se han proyectado en diferentes festivales del mundo y han recibido premios importantes. Su primer largometraje, Ningún lugar en ninguna parte, se estrenó en el 2003 y, desde entonces, ha construido una importante filmografía que, con pocas alteraciones sobre intereses y sobre el corazón de los procesos heterodoxos, con cada nuevo título encontraba una renovada manera para practicar la más contundente precisión con los materiales del mundo (más paciencia y más atención) y, al mismo tiempo, más vértigo emocional a través de la extensión de un plano. Su filmografía, ya desde sus títulos, da cuenta de su persistente exploración de relatos íntimos y territorios diversos. En general, es una obra que se ha sabido mover entre distintos formatos, géneros y modos de producción, utilizando eso a favor de una búsqueda artística en cuyo centro gravitan las preguntas éticas sobre el otro o el lugar de los sentidos en la materialidad del cine. Además de cineasta, es profesor universitario. En Cinemancia se proyectarán 11 de sus películas.

Sinopsis

Sinopsis

Tres encuentros en donde personas ciegas y sordas intercambian y comparten experiencias, recuerdos y sensaciones sobre la luz, la oscuridad, el silencio y el sonido del mundo que los rodea.

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Reflexión

¿Qué son los sentidos? ¿Acaso son los únicos puentes de comunicación entre nosotros y lo que entendemos que es la realidad? Si es que alguno de ellos deja de funcionar, ¿nuestra realidad se convierte en más etérea? Son preguntas que Torres Leiva responde en forma de diálogos en Ver y escuchar, una película que simplemente permanece en vez de avanzar hacia algún lugar definido, no porque carezca de dirección, sino porque encuentra su sentido en aquello que sucede cuando toda expectativa de progreso se suspende. La experiencia que propone Leiva está vinculada a una forma de atención cada vez más extraña: la posibilidad de permanecer frente a una imagen y un sonido sin exigirle una explicación inmediata. El film nos invita a desconfiar de nuestra mirada sobre el mundo porque interroga los mecanismos mediante los cuales creemos conocerlo. A través de encuentros entre personas con diferentes grados de ceguera y sordera, construye una película que se desplaza silenciosamente desde la observación hacia una reflexión más profunda sobre la experiencia humana y los límites de la percepción. La naturaleza ocupa un lugar central en esa experiencia. No como una representación idealizada, ni como un refugio espiritual, sino como una presencia que modifica la percepción de todo lo que la rodea. Los espacios parecen respirar. Los sonidos adquieren densidad. Los silencios dejan de ser vacíos y se convierten en parte fundamental de la experiencia. Poco a poco el espectador comienza a sentir que las fronteras entre personas, paisajes y atmósferas se vuelven menos precisas. Ver y escuchar transmite una sensación muy particular de calma, pero no se trata de una calma confortable, es más bien una quietud atravesada por pequeñas vibraciones, por una sensación constante de que algo está ocurriendo aunque resulte imposible nombrarlo del todo. Como cuando se observa el movimiento del agua o el desplazamiento de las nubes y se tiene la certeza de asistir a una transformación permanente que escapa a cualquier definición. Las conversaciones avanzan sin urgencia, permitiendo que las ideas aparezcan de manera espontánea. No existe la voluntad de demostrar una tesis, ni de conducir emocionalmente al espectador hacia una conclusión determinada. La película parece confiar en algo cada vez menos frecuente: que escuchar a alguien describir su experiencia puede ser suficiente para abrir una grieta en nuestras certezas. José Luis Torres Leiva nos recuerda que ver y escuchar no son actos pasivos, sino que son formas de presencia, formas de estar con los otros y con el mundo. Al finalizar, más que la sensación de haber comprendido un relato, queda la impresión de haber recuperado, aunque sea por un instante, una relación más nítida con aquello que habitualmente pasa desapercibido y quizás allí resida la singular belleza de la película. Lo que permanece no son únicamente las historias compartidas por sus protagonistas. Permanece, sobre todo, una sensación de extrañamiento. La impresión de que aquello que llamamos realidad es apenas una de las múltiples formas posibles de experimentarla. Esta película desplaza el centro de nuestra mirada para recordarnos que la percepción nunca es completa y que el mundo siempre contiene dimensiones que permanecen fuera de nuestro alcance.

ALDO PADILLA

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