2005
21 MIN
Chile
Sin diálogos
José Luis Torres Leiva
Macarena López
Álvaro Fáez
José Luis Torres Leiva
Francisco Schultz
José Luis Torres Leiva
Ernesto Trujillo
Sybila Oxley
Paulina Chamorro
Julieta Figueroa
Diana Sanz
| Fecha/Hora | Teatro | Ciudad |
|---|---|---|
| Sábado 5 de septiembre | 6:30 p.m. | Casa Municipal de la Cultura | Caldas |
| Domingo 6 de septiembre | 2:00 p.m. | Centro Colombo Americano - Sede centro - Sala 1 | Medellín |
Es director, guionista y productor. Estudió en la Universidad de Artes, Ciencias y Comunicación (UNIACC) de Chile. Sus películas se han proyectado en diferentes festivales del mundo y han recibido premios importantes. Su primer largometraje, Ningún lugar en ninguna parte, se estrenó en el 2003 y, desde entonces, ha construido una importante filmografía que, con pocas alteraciones sobre intereses y sobre el corazón de los procesos heterodoxos, con cada nuevo título encontraba una renovada manera para practicar la más contundente precisión con los materiales del mundo (más paciencia y más atención) y, al mismo tiempo, más vértigo emocional a través de la extensión de un plano. Su filmografía, ya desde sus títulos, da cuenta de su persistente exploración de relatos íntimos y territorios diversos. En general, es una obra que se ha sabido mover entre distintos formatos, géneros y modos de producción, utilizando eso a favor de una búsqueda artística en cuyo centro gravitan las preguntas éticas sobre el otro o el lugar de los sentidos en la materialidad del cine. Además de cineasta, es profesor universitario. En Cinemancia se proyectarán 11 de sus películas.

Es un día arduo en el trabajo. Un grupo de mujeres termina la jornada, sin embargo, la salida no es solo el fin de la jornada, es el inicio de un viaje, un día de vacaciones.


En 1895 Louis Lumière filmó en Lyon, Francia, la primera película proyectada. Allí, decenas de mujeres vestidas con sombreros, cinturones y lazos recrean una suerte de procesión obrera: salen del trabajo por las puertas abiertas de la fábrica que las emplea. El silencio es lo único presente, sin embargo, las múltiples voces efusivas de las trabajadoras parecen escucharse. Los ruidos de las carrozas arrastradas por caballos, las ruedas girando por la calle decimonónica, las chimeneas fuera del cuadro soplando, resollando tras la jornada exigente, hacen imaginar un paisaje coordinado por el runrún del fin de turno. Ellas conversan sobre las buenas o malas nuevas que no se dijeron entre los descansos de sus turnos produciendo aparatos fotográficos sin cesar. En Obreras saliendo de la fábrica, hecha en Chile más de 100 años después, José Luis Torres Leiva rehace el silencio de aquella salida. Desde la perspectiva de cuatro mujeres con edades diferentes, la película imagina cómo serían las vidas de esas operarias antes, durante y, sobre todo, después de salir de esos estrepitosos portones industriales. Las vemos haciendo largos recorridos físicos y emocionales filmados con delicadeza por una cámara que las acompaña moviéndose. El grano inestable y vivo del material fílmico exhala junto a sus cuerpos vibrantes. A diferencia del primer film hecho por Lumiere, y gracias al inexorable paso del tiempo, Torres Leiva crea atmósferas a través de un sonido diseñado minuciosamente según los distintos lugares por donde transitan, habitan y comparten las cuatro damas anónimas. Una de ellas, con semblante ya anciano, sufre silente los achaques del trabajo pesado entre máquinas, casilleros y humos, entre las ruidosas construcciones de los objetos más cotidianos. La película decide no abandonarla, más bien prefiere rodear su conflicto personal con el aliento y la compañía brindados por sus amigas de trabajo. Entre todas ayudan a esta mujer mayor a respirar nuevamente, a vivir el mundo con un renovado fulgor. Torres Leiva aborda el retrato de una memoria enigmática a través de la fricción entre la imaginación y la realidad. El cineasta chileno muestra su hábil manejo de la ficción construyendo la intimidad de unos personajes desprovistos de antecedentes expuestos; en sus miradas habitan los misterios indecibles pero universales que acarrean los sueños cumplidos y también los sueños frustrados.
Valle de Aburrá, Antioquia