The Souffleur

The Souffleur

Año:

2015

Duración:

78 MIN

País:

Argentina

Idioma:

Inglés

Español

Alemán

Dirección:

Gastón Solnicki

Producción:

Gabriele Kranzelbinder

Paolo Calamita

Gastón Solnicki

Guion:

Julia Niemann

Gastón Solnicki

Fotografía:

Rui Poças

Montaje:

Ana Godoy

Alan Martin Segal

Sonido:

Veronika Hlawatsch

Manuel de Andrés

Alexander Koller

Matthias Kassmannhuber

Elenco:

Willem Dafoe

Lilly Lindner

Stephanie Argerich

Gastón Solnicki

Horarios

Fecha/HoraTeatroCiudad
Miércoles 9 de septiembre |
4:30 p.m.
Cineprox Las AméricasMedellín

Dirección:

Gastón Solnicki

Gastón Solnicki es un director y productor argentino nacido en 1978. Estudió en el Centro Internacional de Fotografía y se licenció en Bellas Artes en la Tisch School of the Arts de la Universidad de Nueva York. Dirigió su primera película, Süden, en 2008. Su segundo largometraje, Papirosen, se estrenó en Locarno en 2011 y ganó el premio a la mejor película en el BAFICI y se proyectó ampliamente en Estados Unidos. La tercera película de Solnicki, Kékszakállú (2016), ganó el FIPRESCI a la mejor película en Venecia. Posteriormente se proyectó en el TIFF, el NYFF y la Viennale. Kékszakállú fue seleccionada por Artforum como una de las diez mejores películas de 2016. En 2018, dirigió y produjo Introduzione all’Oscuro, estrenada en Venecia 75. Sus películas han sido adquiridas recientemente por el MoMA.

Sinopsis

Sinopsis

Después de treinta años al frente del más emblemático de los hoteles en Viena, Lucius –un Dafoe impresionante– se entera de que el edificio, también su casa, ha sido vendido a un desarrollador argentino decidido a demolerlo y rediseñarlo. Con la ayuda de su hija y un puñado de empleados leales, se aferra a la vida que ha construido. Lo que sigue es una cruzada llena de giros inesperados, espionaje y una lucha paranoica por preservar un mundo que se desvanece —y el único hogar que ha conocido–.

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Reflexión

 

En la sexta edición de Cinemancia llega por primera vez a Colombia el cine del argentino Gastón Solnicki. Con una obra fílmica de más de 15 años, Solnicki ha pasado por diversas etapas en la creación de imágenes. Sus primeras películas lidian con un lenguaje documental sobre sus preocupaciones alrededor de la fragilidad de la memoria afectiva. Su segundo largometraje, Papirosen, es un autorretrato familiar de las relaciones entre las varias generaciones de judíos que componen su árbol genealógico. Usando una cámara de video, Solnicki describe y relaciona las formas de hacerse un hogar. No le importa cuán buenas o malas puedan ser. Jugando con material de archivo, registros casuales de discusiones y diálogos, lo que busca es revelar las capas de sus familiares y ponerlos en común con el resto del mundo. Cinco años después hace su brillante y elegante artefacto cinematográfico Kékszakállú. Allí se desliga de la auto referencia y se zambulle en las profundidades de la ficción. Presentando personajes de mujeres imaginarias, esta película, hecha con especial sutileza, confronta al espectador con los excesos del confort aprovechando los contrapuntos cromáticos entre la nitidez de los rostros femeninos y los difusos paisajes. A partir de ese momento, la filmografía de Solnicki se convierte en una contemplación de tradiciones, de personas y de espacios a punto de desaparecer. Sus últimas dos películas, A little love package y The Souffleur, son colaboraciones junto al titánico actor estadounidense Willem Dafoe. Su presencia magnética y matizada compone mundos nuevos entre los vestigios de la ciudad austriaca de Viena y su alrededor burocrático; de cierta medida es libre. El bonaerense arma un equipo de lujo junto a Dafoe, el fotógrafo portugués Rui Poças y el resto de personas con las que comparte la sagrada experiencia del cine: el escritor mexicano Mario Bellatín, la actriz griega Angeliki Papoulia, Carmen Chaplin y toda la constelación de empleados que tiene el hotel Intercontinental de Viena. En The Souffleur se concibe una gramática geométrica de la libertad cinematográfica absoluta; un hoyo, una pala, una tierra, la cronología de una pista de hielo, las doble faltas, el soufflé muy dulce (demasiado), un hotel, Austria, Argentina…son las mismas cosas donde sea que estén. Solnicki construye, con paciencia y sensibilidad, el retrato de una comunidad sostenida por el trabajo cotidiano y las tensiones de una institución en decadencia. Sus imágenes revelan un tejido social donde conviven el lujo, la precariedad y las jerarquías. La película encuentra su fuerza en la observación minuciosa y en la manera en que transforma esos fragmentos en una experiencia inmersiva. En cada fragmento de este filme se encuentra un secreto. La majestuosidad europea está en vía de extinción: inevitablemente se divide en pedazos, unos en italiano, otros en inglés, varios más en alemán. El capataz que la cuida, Dafoe, poco puede hacer con su presencia impotente. No le queda otra más que divertirse. The Souffleur se ingenia una propia congregación cinematográfica y nos adentra en su laberinto personal con tierna paciencia. Allí, la historia en blanco y negro del lujo es desplazada por la condición latinoamericana del chocolate emplastado en la cara. Atención a la escena de la fiesta en el apartamento lujoso y extrañamente decaído. Respira al ritmo de los movimientos del encuentro entre la tradición y la renovación, la preservación y la innovación, la decadencia y el lujo. Es un filme para aprender a divertirnos en equipo.

DANIEL MESA DE LOS RÍOS

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