2025
XX
XX
Español
Leonardo Pirondi
Leonardo Pirondi, Zazie Ray-Trapido
Leonardo Pirondi
Leonardo Pirondi
Leonardo Pirondi
Leonardo Pirondi
Carlos Duque Vélez
Edinson Monsalve
| Fecha/Hora | Teatro | Ciudad |
|---|---|---|
| Jueves 10 de septiembre | 7:30 p.m. | Centro Colombo Americano - Sede centro - Sala 2 | Medellín |

Esta película se proyecta junto a:
Parece el mundo (Santiago Quirama)


Las novelas Memorias encontradas en una bañera (1961), de Stanisław Lem, y Vidas secas (1938), de Graciliano Ramos, se encuentran en este cortometraje de cuatro minutos de Leonardo Pirondi para dialogar entre estructuras caídas, muros agrietados y malezas de un mundo futuro. Fue filmado en 16 mm, con sus texturas agrietadas y su estática, que revelan la fragilidad del celuloide y a la vez su durabilidad plástica. El cortometraje opera como un estudio del colapso al superponer imágenes de ruina con la migración desolada de Vidas secas y la claustrofobia de Memorias encontradas en una bañera. Con un trabajo sonoro que no se sabe si es ruido de la cinta misma musicalizada, pero que emula un aguacero, un desmoronamiento y una tensión desoladora; y, con la lectura sobrepuesta de un fragmento del libro de Ramos, la película parece plantear que, frente a la desaparición de las estructuras humanas que habitan un territorio, lo que puede sobrevivir es el cine como vestigio y memoria de ese mundo desaparecido. Los personajes principales, Fabiano, Sinhá Vitória, sus dos hijos y su perra Baleia, recorren, por vía del texto, estas tierras en busca de una vida mejor, camino a la gran ciudad donde se necesitan personas fuertes como ellos. Su deseo es sobrevivir dentro de estructuras que desconocen y que escapan de su control. Estos deseos en el corto parecen haber llegado a un tiempo posterior. Ya no vemos a quienes habitan las ruinas, ni los cadáveres que allí se olieron, sino el paisaje que ha quedado después de ellos. De este modo, el celuloide adquiere una función arqueológica. La cinta se convierte en un resto que sobrevive a aquello que registra. Al pasar del blanco y negro al negro y, finalmente, irrumpir en el color, el cortometraje desplaza el enigma del apocalipsis hacia una imagen de esperanza seca y reservada. No es una promesa de reconstrucción, sino la posibilidad mínima de que algo, una imagen, un recuerdo, un fragmento, permanezca.
Valle de Aburrá, Antioquia