2025
66′ Min
Argentina
Español
Matías Szulanski
Bernardo Szulanski
Matías Szulanski
Grace Ulloa
Juan Morgenfeld
Juana Palazzi
Franco de la Puente
Pascual Carcavallo
Matías Szulanski
Juan Morgenfeld
Matías Szulanski
Matías Szulanski
Catriel Vildosola
Juan Pablo Livingston
| Fecha/Hora | Teatro | Ciudad |
|---|---|---|
| Sábado 13 de septiembre | 3:00 p.m. | Centro Colombo Americano - Sede centro. Sala 2 | Medellín |
| Lunes 15 de septiembre | 7:00 p.m. | Cinemas Procinal Las Américas | Medellín |
Es Licenciado en Gestión de Medios y Entretenimiento de la UADE. Trabaja como guionista desde 2013 y dirigió varios largometrajes. Actualmente, dirige la productora de cine Kligger.

Laura es la novia de Juan. Cuando Juan se entera de que Marcos, su ex amigo, tiene una nueva novia, intentará conquistarla para vengarse de él por el pasado. Laura, celosa, recurre a su ex para intentar darle celos a Juan.


Juan ama a Laura. Laura ama a Juan. En la calle, Juan se encuentra con Marcos. Marcos sale con Flor. Marcos estuvo con la ex de Juan. Juan odia a Marcos. Juan se pregunta, ¿qué hace Flor con el patán que es Marcos? Juan tiene una idea: ¿y si él saliera con Flor al mismo tiempo que sale con Laura, a quien ama? Los vértices de este polígono son filosos, casi ominosos. Si el amor es o no un juego es lo que la película describe: mientras se juega, si es que es juego, nadie lo sabe a ciencia cierta. Szulanski se concentra en la descripción minuciosa (que no implica dar razones) de lo que hacen los amantes en sus propios juegos de cálculo. De oscilaciones imposibles, los amantes de esta película todo lo calculan mal. Todas las señales son leídas con la llave equivocada. ¿Qué le pertenece al amor? Esa pregunta esquiva la persiguen, sin saberlo, todos los involucrados en esta puja por la atención fervorosa y erótica del otro. Por supuesto, en la operación de conocimiento, nadie atina. Es decir, si un personaje cree que el amor es esto, se revelará pronto que en realidad era otra cosa. El ventarrón de la ligereza es el fenómeno meteorológico de esta película: la rutina de los personajes, más que sus trabajos, se vuelve el asunto amoroso que rumian entre encuentros. Matías Szulanski, cineasta artesanal, al mismo tiempo que da un panorama de las sensaciones más punzantes del enloquecido juego amoroso propone los espacios-escenarios hacia donde el amor empuja: cafés, calles desoladas, el parque, las salas de la casa. Cosa curiosa: en la película solo vemos una habitación. Es la de Flor. En la habitación ella compone sus canciones. Cuando la vemos allí con Marcos, su amante, las cosas no salen tan bien. La misma escena trabaja sobre una noción más puntillosa: en el amor no hay ideas realmente originales. Todas son tomadas de otro lado. Ella le dirá algo devastador que no sabía que podía decirle hasta apenas unas horas antes: “Eres un helado de vainilla”. Nunca sabemos de qué está hecha la vida íntima hasta que las películas nos lo dicen, eso está ahí, entre plano y plano de Las reglas del juego. También el amor y sus vericuetos y aluviones ponen a prueba los recuerdos, eso alborota la dependencia física. En la película, todo se presenta en cadena. Las reglas del juego implican considerar esos efectos inmediatos entre acción y reacción. Acá, hay al menos tres reglas del amor que los personajes de la película violan constantemente. Primero, no escucharás rumores de tus exparejas. Segundo, no visitarás de sorpresa –sea genuina o fabricada– a amores viejos (o nuevos). Tercero, hay que olvidar, no importa el caso, la palabra venganza o retaliación. Como violación a esos principios y experimentación de cada personaje con el umbral del cumplimiento y transgresión de cada regla no dicha del amor, Las reglas del juego, de forma poligonal, es una película “matemática”. Los cálculos hacen que las cosas se compliquen: nadie sabe por qué las cosas no salen cómo se planean. Por otro lado, como se intuye desde el título, el trabajo de Szulanski es sobre la tradición. ¿Cómo filmar el amor y sus tácticas, más o menos salvajes y decididamente misteriosas, después de Renoir, Rohmer y Truffaut? En la película hay distintas maneras de trabajar con y sobre la tradición. Una se detecta en la manera cómo está estructurada la película (conversación tras conversación), otra, por ejemplo, es de momentos pequeños: pienso en la escena donde Flor, todavía para nadie, canta la canción que ha hecho. Acá, el amor tiene que ver con la trampa y con el tiempo. También con algo armonioso y feliz. Se verá que el amor pasa de largo si se concentra en los extremos entre amarrar y partir. Las temporadas felices de la película son un conjunto de rituales. ¿No es hermoso ver a los amantes comer juntos, compartir chocolate, soportar el humo de cigarrillo? El amor, se verá, es relajado, aparece en los lugares menos pensados, no es planeado. La escena donde Juan y Laura comen ensalada en platos de plástico es memorable. Ella, además, fuma (y el cenicero advierte que no es el primer cigarrillo) mientras come ensalada. Es gracioso y parece una imagen exclusiva del cine. La elegancia del cigarrillo cinematográfico convive con el ritual de una comida anodina con el amante (verdadero). El amor no tiene una idea general, aparece por la conducta de los personajes. En Las reglas del juego, esta suma de conductas, atemorizantes y graciosas, da con la consistencia de algo: el amor es una manera particular de existir.
Valle de Aburrá, Antioquia