2024
100′ Min
Colombia
Español
Yennifer Uribe Alzate
Alexander Arbelaez Osorio
Jose Manuel Duque López
Rebeca Gutierrez Campos
Alba Liliana Agudelo Posada
Eduardo Arango
Cristian López
Laura Zapata
Yennifer Uribe Alzate
Luciana Riso Soto
Juan Cañola Vélez
Romina Cano
| Fecha/Hora | Teatro | Ciudad |
|---|---|---|
| Lunes 15 de septiembre | 1:00 p.m. | Cinemas Procinal Parque Fabricato | Bello |
| Martes 16 de septiembre | 1:00 p.m. | Cinemas Procinal Parque Fabricato | Bello |
| Miércoles 17 de septiembre | 1:00 p.m. | Cinemas Procinal Parque Fabricato | Bello |
Yennifer Uribe Alzate es directora, productora y guionista. Se graduó como Comunicadora en Lenguajes Audiovisuales con énfasis en Guion Cinematográfico de la Universidad de Medellín, donde también obtuvo un Magíster en Comunicación; además de contar con un Máster en Ficción en Cine y Televisión de la Universidad Ramón Llull de Barcelona. También ha ejercido los roles de investigadora, docente y directora de casting. En 2016 dirigió el cortometraje Como la primera vez, seleccionado en Clermont-Ferrand. La piel en primavera es su primer largometraje.

Sandra es la nueva guardia de seguridad en un centro comercial. En su primer día de trabajo se cruza con un conductor de bus, con quien vive un romance. Sandra confronta su vida íntima y emprende un camino de libertad a través de su propia experiencia de deseo.


Aunque trabaja en seguridad, Sandra no se refugia de nada. Tampoco camina esperando que algo pase. Vive el mundo como puede. Que le pase lo que le pasa está lejos de ser un renacimiento o una curiosa sorpresa del destino. Es nada más que eso. Un pequeño encuentro, las cosas que pasan… Como la actividad que más veces hace Sandra es caminar, la película niega cualquier otro movimiento que no sea el de ir hacia adelante (y hacia adelante va Sandra o va la cámara). La atención proferida por el misterioso hombre que la invita a sentarse a su lado –modificando su panorama visual de ciudadana– la obliga con gusto (y siempre algo de temor) a reorganizar, de nuevo, su mundo, que es decir su rutina. Espacio y emoción, diferentes formas del origen de la atracción que la película empareja para referirse a la misma cosa: los retos emocionales de su protagonista. Como invitación a mirar, el estatus que alcanza lo rutinario supera lo central y lo cósmico. Comer salchipapas, comprar perfumes, viajar al lado del conductor de bus y ponerse (o quitarse) la ropa del trabajo son acciones que comparten la misma jerarquía. El seguimiento crónico a cierta homogeneidad en el ánimo de Sandra no se hace para azuzar el deseo de ver más y de ver furiosamente. Es justo lo contrario: la disposición de Yennifer Uribe tiende hacia la necesidad de ver más atentamente. El tema verdadero de La piel en primavera es la atención y los réditos de sostener la mirada. Un rostro no miente, un gesto tampoco. Que una buena parte de la película pase en un bus tiene que ver con eso. El viaje en bus motiva la concentración y la atención de la mirada (no por lo que pasa afuera del bus sino por lo que puede o no pasar entre los pasajeros y, más importante, el propio conductor). El transporte público es salvavidas para la curiosidad y la mirada atenta. Asimismo, diseñado casi que para el entrelazamiento, es donde con más frenesí crece la incomodidad de las miradas ajenas que persiguen o juzgan bajo la ley del arrebato y el deseo. La piel en primavera, de énfasis austero y mesurada excitación, sugiere que, incluso en una ciudad ruidosa, donde todo el mundo parece escuchar la misma música, puede nacer algo al menos parecido al amor. La última parte de la película se calibra para ver en un careo extremo la amplitud y la intensidad de ese “al menos”. Es descorazonador, sí, pero también, señal de los tiempos, acto cúlmen de cierta libertad y tranquilidad emocional. Es suficiente con el “al menos”. Después de todo, la película, consciente de que la naturaleza de la atracción es complicada, insiste en el dulce placer de la tranquilidad. De ver el mundo desde la casa. Entre otras cosas, es por eso que la película tiene el ritmo y la sensación de lo que pasa mientras uno se mira al espejo.
Valle de Aburrá, Antioquia