70′ Min
Chile
Sin diálogos
Diego Acosta
Sebastián Sánchez y Florencia Dupont
José «Don Cucho» Ulloa
Diego Acosta
Sebastián Sánchez
Diego Acosta
Nicolás Saldivia y Diego Aguilar
| Fecha/Hora | Teatro | Ciudad |
|---|---|---|
| Sábado 3 de septiembre | 2:00 p.m. | Casa de la Cultura Miguel Uribe Restrepo | Envigado |
| Domingo 4 de septiembre | 3:00 p.m. | Parque Cultural y Ambiental Otraparte | Envigado |
Diego Acosta Hernández (Machalí, 1990). Director Audiovisual de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Cine Documental de la Universidad de Chile. Ha dirigido dos cortometrajes Huaso chileno, Francia y Ñaqui. Ha escrito, dirigido y montado su primer largometraje documental Al amparo del cielo, que se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Valdivia (2021). Forma parte del colectivo de experimentación cinematográfica CEIS8 donde realiza investigaciones, talleres, exposiciones y obras de teatro.

Un arriero y más de mil ovejas atraviesan acantilados y ríos para llegar al corazón de la Cordillera de los Andes. Una vez arriba, en un pequeño valle inundado, el arriero siente la soledad y el paso del tiempo de las tareas diarias. Poco a poco comienza a perderse entre las montañas, mientras los sueños aparecen como fantasmas.


“El Mundo no se ha hecho para pensar en él,
(pensar es estar enfermo de los ojos),
sino para mirarlo y estar de acuerdo”
“II”, El guardador de rebaños, Fernando Pessoa
Un arriero descansa su cuerpo sobre la hierba. El cielo inconmensurable acoge a la noche y él sueña con cascadas que corrigen su curso; ascienden hacia lo alto de sus nacimientos; su cuerpo de agua deja de llover sobre las rocas y se esconde en el corazón de la tierra. Al despertar, la jornada sigue, las ovejas deben ser conducidas a un mejor espacio para pastar. La película de Diego Acosta registra el apacible, aunque a veces complicado camino, de unos arrieros en las montañas de Chimbarongo en la provincia de Colchagua, Chile. En las imágenes, construidas con detalle, se intercalan los rostros de los arrieros y arrieras, tallados por el paso del tiempo, con los planos de las ovejas explorando la montaña. El espacio sonoro que contiene a las imágenes no se dedica sólo a la reproducción realista del campo, sino a la ampliación de las emociones a partir de la manipulación de los sonidos propios de la naturaleza. La intensidad del ulular del viento se combina con la potencia de las corrientes de agua, así como unos sonidos que no hacen parte de la naturaleza pero fortalecen lo ominoso de un paisaje que a veces se asume conocido. La experiencia de esta película es equiparable a la de un poema bucólico. El mundo pastoril que se muestra no está allí para ser pensado, traducido en metáforas y digerido en definiciones. Está presente para ser sentido. Se conoce desde la mirada, se comprende desde la escucha cuidadosa. Para saber su sentido se ponen ante las imágenes el cuidado de los sentidos y no el filo de la razón; se comprende con el cuerpo atento.
Valle de Aburrá, Antioquia