Natsu no uta / Canciones de verano

Natsu no uta / Canciones de verano

Año:

2024

Duración:

95′ Min

País:

España, Japón

Idioma:

Japonés

Director:

Jorge Suárez Quiñones

Producción:

Jorge Suárez Quiñones

 

Obra producida con el apoyo de las Ayudas INJUVE para la Creación Joven 2021/22 y las Ayudas a la Creación Contemporánea y a la Movilidad Nacional e Internacional 2022/23 y 2024/25 del Ayuntamiento de Madrid.

Elenco principal:

Ohtani Masae, Yamabe Fujiko, Satoh Fukimi, Satoh Takahiro, Ohtani Masahiro, Takahashi Shouji, Takahashi Mikiko

Guionista:

Masae Ohtani,

Jorge Suárez Quiñones

Director de fotografía:

Jorge Suárez Quiñones

Montaje:

Jorge Suárez Quiñones

Sonido:

Pablo Teijón,  Jorge Suárez Quiñones

Horarios

Fecha/HoraTeatroCiudad
Domingo 14 de septiembre | 5:00 p.m. La Capilla del Claustro ComfamaMedellín
Martes 16 de septiembre | 8:00 p.m.Centro Colombo Americano - Sede centro. Sala 1Medellín

Director:

Jorge Suárez Quiñones

Se graduó en Arquitectura en la ETSAM, Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, en 2017. Ha disfrutado de becas de intercambio en la Universidad de Tokio (Kuma Kengo Lab) y la Universidad Tongji de Shanghái. Durante su formación, ha recibido en dos ocasiones la Beca de Excelencia de la Consejería de Educación y Universidades de la Comunidad de Madrid. Como artista, su obra forma parte del catálogo de Light Cone desde mayo de 2023. Presentó su primera exposición individual, «Marcel!», en el Centro de Arte Contemporáneo WIELS – Project Room de Bruselas, en julio de 2023. En 2021, su obra «Pintura de roca» recibió el XXXII Premio de los Circuitos de Artes Plásticas 2021 (Comunidad de Madrid). En junio de 2024, su película Canciones de verano recibió el Premio Fugas a la innovación y la voluntad de trascender los límites convencionales en el Festival Internacional de Cine Documental Documenta Madrid.

Sinopsis

Sinopsis

Es verano en Ubuyama-mura. Por todas partes se oyen canciones. Reverberan en el paisaje del pueblo de montaña. Algunas son de ahora, otras son de hace más de mil años. Las hay profanas, las hay sagradas. Desgarradoras, románticas, infantiles, melancólicas… Masae recorre el pueblo de montaña recolectando esas canciones. Parece que está buscando algo.

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Reflexión

El cineasta leonés radicado en Madrid, Jorge Suárez Quiñones Rivas, ha desarrollado con películas como Amijima o Meihōdō unos procedimientos de aproximación al espíritu tradicional japonés que se pueden encontrar como gestos análogos en la literatura de Lafcadio Hearn o en los ensayos cinematográficos de Donald Richie. En sus viajes a los pies del Monte Aso y a la aldea de Ubuyama, Suárez Quiñones Rivas ha perseguido el espíritu gentil y triste (Mono no aware) de las cosas destinadas a desaparecer, una estética filosófica que ha cubierto históricamente las artes japonesas desde La ceremonia del té hasta el teatro de marionetas japonés Bunraku. Ahora en Natsu no Uta (Canciones de verano) a través de la maestra y compositora Masae, el cineasta y la mujer recorren la aldea de Ubuyama, de casa en casa, recolectando canciones que se yuxtaponen a la poesía “waka” de principios del Período Heian, recogida en la célebre Antología imperial Kokinshū. La película tiene una estructura inasible, a veces parece una canción de Teresa Teng, otras veces parece la reencarnación de un poema waka cuya métrica se ha sublimado a los cortes que separan cada plano y otras veces parece un kakemono, un gran rollo vertical de motivos pictóricos de paisajes y personas que se desenrolla frente a la vista, como una marea de pigmentos. Lo sonoro también tiene esta condición inasible, la película danza entre el Sutra del Corazón (texto esencial de la escuela budista Mahāyāna), los murmullos de una Masae ensimismada y las voces de los habitantes de la aldea que se aúnan a múltiples capas sensoriales haciendo de la película una canción colectiva de un tiempo específico colmado de matices. El cineasta entiende esta forma de entrega y de abrazo a lo inmediato cognoscible gracias a su particular manera de difuminar la técnica con el pensamiento y la conmoción interna. La cámara de Suárez Quiñones Rivas se vuelve entonces pincel, instrumento armónico o arquitectura que criba la luz incipiente. Al ver esta película uno no puede dejar de pensar en la “poesía” como herramienta matérica subyacente en los resquicios de las habitaciones antiguas y en las cortezas de los árboles, la palabra deja de ser la muletilla accesoria para transmutar en condición permanente de trabajo y movilidad. El cineasta y la mujer transitan por los senderos de Ubuyama con esta verdad de lo poético, profundamente terrenal y efímera, tamizada en los pasos y en las bocas que pronto entonarán las canciones que el verano arrastrará consigo.

ANDRÉS MÚNERA

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