Bluish

Bluish

Año:

2024

Duración:

84′ Min

País:

Austria

Idioma:

Español

Directoras:

Lilith Kraxner

Milena Czernovsky

Productores:

Lixi Frank

David Bohun

Elenco principal:

Leonie Bramberger

Natasha Goncharova

Guionista:

Lilith Kraxner

Milena Czernovsky

Director de fotografía:

Antonia De La Luz Kašik

Montaje:

Lixi Frank

David Bohun

Sonido:

Benedikt Palier

Horarios

Fecha/HoraTeatroCiudad
Martes 16 de septiembre | 6:00 p.m. Teatro Otraparte - Parque Cultural y Ambiental Otraparte Envigado
Miércoles 17 de septiembre | 7:00 p.m. Cinemas Procinal Las Américas Medellín

Directoras:

Lilith Kraxner, Milena Czernovsky

Lilith Kraxner (1995, Austria) vive y trabaja en Viena. Tras cursar sus estudios en la Escuela Friedl Kubelka de Cine Independiente de Viena actualmente estudia vídeo e instalación de vídeo en la Academia de Bellas Artes de Viena.

 

Milena Czernovsky (1993, Austria) estudió escenografía en la Universidad de Artes Aplicadas de Viena. Sus obras abarcan desde el diseño de escenarios y escenografía, la instalación y el cine.

 

Tras varias colaboraciones, el dúo celebró el estreno de su ópera prima, Beatrix, en 2021 en FIDMarseille.

Sinopsis

Sinopsis

Errol y Sasha son dos veinteañeras en apariencia algo desorientadas, vagan sin rumbo por los sombríos días invernales de una ciudad. La película contempla con dulzura fragmentos de sus vidas cotidianas, haciendo que, inevitablemente, personas, historias, lugares y realidades se superpongan y se entrelacen con algo de misterio y algo de humor. Bluish describe un estado físico y anímico frágil, una condición o, mejor dicho, una atmósfera de ambigüedad y anhelo.

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Reflexión

En Bluish la juventud parece estar sometida a muchos deseos: los de la noche, los del sexo, los del arte, los del éxito, los de la felicidad. Sin embargo, ninguno de ellos realmente encaja o se acopla a la personalidad de las mujeres que vemos en las imágenes. Furor fugaz y atendidos por nadie, los deseos expresados tienen dos formas: de intensidad desvanecida y de anhelo atropellador. Todo eso es la materia de la película, que es sobre esa triste sorna de la vida joven, inescapable, imposible de hacer tregua con eso. El propio tono de la película se parece a la sensación que cada protagonista experimenta. De pasos cortos y andar exangüe, el estilo de la película fragmenta la existencia y se concentra en las situaciones que, aunque todos saben que requieren de gritos de espanto para superarse, son presentadas de la manera más civilizada posible: un viaje en bus al lado de la persona que te parece decididamente atractiva, una nueva fiesta, el trabajo práctico que tenés que hacer, las clases virtuales, incluso la semanal rutina en la piscina pública. No es que todo sea en tono menor, es que la precisión para dar con el sentimiento necesita de una energía puntual, lejos de la armonía: un hilván que esté dentro y fuera del mundo al mismo tiempo. Bluish, a su vez, tiene una energía musical encandilante. Una canción que se roba toda la atención en los planos que la oímos dice: “Soy una gran montaña. Soy una piedra. Soy una piedra debajo de una piedra. Debajo de una piedra”. Son palabras justas para lo que vemos, para esas imágenes que en su llegada y salida dan con el estado emocional preciso de las protagonistas. La canción es animadísima y la protagonista nos regala una escena de baile admirable. Se hace evidente que su rostro es de un impacto lúcido y órfico, enmarcado por dos finísimas trenzas primigenias. En su animada efervescencia musical, siempre cerca de momentos litúrgicos y divinos, Bluish es también un relato sobre una generación. Tiene esa fuerza y esa sustancia que da con un conocimiento definitivo sobre algo mucho más grande que sólo estas dos mujeres: las emociones de unas nauseas existenciales compartidas. En la misma ciudad, dos mujeres se cruzan, primero, fuera de las imágenes, por una simple y corriente transacción: una compra y otra vende una planta de interior. La película verá la vida de estas dos mujeres unidas por corrientes difusas que tienen que ver con la edad, la sensibilidad artística, y cierta desazón innombrable y también inexplicable que moldea sus encuentros con el mundo. Las verá también desafiando el paralelismo de sus relatos: están casi siempre a punto de volverse a encontrar, quizás en un escenario menos anodino que la compra de algo. Un día una está con alguien que la otra conocerá después. Se repiten algunos rostros, lugares, compañías silenciosas. Lo que no intuyen del todo, y sólo como espectadores vemos e imaginamos, es que las atraviesa algo más fuerte que conocidos en común: los pliegues de un tiempo pálido. Digamos que ellas están comprometidas a hacer cosas pero ninguna realmente sale, o sale bien, o sale como quieren. Lo vemos. Lo sabemos. Un gran plano, en el cine, siempre crea un espacio imposible estructurado en la imaginación del espectador. Esta película, en su punto constitutivo, comparte esa máxima: la mitad de las cosas que vemos son captadas fuera del espacio físico del plano. Bluish habla en contraste –las dos muchachas viven el mismo tono de azul pero de maneras muy distintas–. Es delicada y hay una dulce ternura que nunca se pierde. Entiende la ficción como laberinto y enredo eternamente dilatado –y eso lo hace muy bien–. Más tarde, finalmente, las dos mujeres volverán a encontrarse, sin saberlo, mientras tienen un rapto casi esotérico que sólo da el arte, el terreno de la representación y los estímulos sonoros y visuales. Más que como una avalancha, la juventud tiene que ver con esto que Bluish tiene en sus venas, donde todo lo que puede ser azul lo es.

PABLO ROLDÁN

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