Verano

Verano

Año:

2011

Duración:

País:

Chile

Idioma:

Español

Dirección:

José Luis Torres Leiva

Producción:

Alicia Scherson

Catalina Vergara

Viviana Lobos

Guion:

José Luis Torres Leiva

Fotografía:

Inti Briones

Montaje:

Andrea Chignoli

José Luis Torres Leiva

Sonido:

Claudio Vargas

Peter Rosenthal

Roberto Espinoza

Elenco:

Rosario Bléfari

Juieta Figueroa

Ignacio Agüero

Mariana Muñoz,

Muriel Miranda

Francisco Ossa

Claudio Riveros

Rodrigo Lisboa

Alejandra Moffat

Gabriela Aguilera

Eliseo Atallah Aguilera

Amparo Noguera,

Maite Alberdi

Horarios

Fecha/HoraTeatroCiudad
Domingo 6 de septiembre |
3:00 p.m.
Cine MAMMMedellín
Jueves 10 de septiembre |
5:30 p.m.
Centro Colombo Americano - Sede centro - Sala 2Medellín

95 MIN

Dirección:

José Luis Torres Leiva

Es director, guionista y productor. Estudió en la Universidad de Artes, Ciencias y Comunicación (UNIACC) de Chile. Sus películas se han proyectado en diferentes festivales del mundo y han recibido premios importantes. Su primer largometraje, Ningún lugar en ninguna parte, se estrenó en el 2003 y, desde entonces, ha construido una importante filmografía que, con pocas alteraciones sobre intereses y sobre el corazón de los procesos heterodoxos, con cada nuevo título encontraba una renovada manera para practicar la más contundente precisión con los materiales del mundo (más paciencia y más atención) y, al mismo tiempo, más vértigo emocional a través de la extensión de un plano. Su filmografía, ya desde sus títulos, da cuenta de su persistente exploración de relatos íntimos y territorios diversos. En general, es una obra que se ha sabido mover entre distintos formatos, géneros y modos de producción, utilizando eso a favor de una búsqueda artística en cuyo centro gravitan las preguntas éticas sobre el otro o el lugar de los sentidos en la materialidad del cine. Además de cineasta, es profesor universitario. En Cinemancia se proyectarán 11 de sus películas.

Sinopsis

Sinopsis

Durante un caluroso día de verano, les suceden pequeñas cosas a los visitantes y trabajadores de un antiguo balneario termal en el sur de Chile. Julieta, Francisco, Isa, Rodrigo, Ignacio, Mariana, Muriel, Gabriela, Eliseo, Norma, Alejandra y Claudio disfrutan de largas horas de vacaciones en la naturaleza: durmiendo al sol, aprendiendo a manejar, limpiando la casa, besándose por primera vez, nadando de noche o simplemente caminando y conversando, mientras el día se va desentrañando lentamente en pequeños fragmentos de felicidad y descubrimiento.

Reflexión

Reflexión

Reflexión

Reflexión

“Mirar, admirar
hojas verdes, hojas nacientes
entre la luz solar.”

 

 

En una inolvidable sesión de Conversaciones Cinemancia en 2024, el cineasta chileno Ignacio Agüero dijo que lo cinematográfico es lo que nos conmueve de una película y no podemos explicar con palabras. Verano, de José Luis Torres Leiva, está llena de esos momentos. La película se termina pero la sensación es larga, mucho más larga. Algunas imágenes y momentos permanecen en la memoria y en el pensamiento porque se conectan con recuerdos propios, con recuerdos de la infancia, con cosas que alguna vez vimos, tocamos o sentimos. El refrescante sabor de una sandía, los dedos arrugados por estar mucho tiempo en el agua, el viento meciendo una cortina a través de una ventana. En Verano no pasa nada y pasa todo. Acompañamos a algunos visitantes y trabajadores de unas antiguas termales en el sur de Chile y aunque no están directamente conectados, observamos sus fugaces encuentros y fragmentos de sus vidas en un espacio que parece suspendido en el tiempo. Los personajes comen, se bañan, se acuestan en el pasto a tomar el sol, lloran, trabajan, conducen, se besan, miran las hojas de los árboles atravesadas por la luz, nadan… Y, sobre todo, caminan. Caminar en esta película (y en la vida) es una forma de pensar. Los personajes caminan para encontrarse, pero también para estar solos. Caminan por el bosque, por los alrededores de las termales, hacia un lugar o hacia ninguna parte. Sus derivas son también formas de fuga, de distancia con la vida cotidiana que los espera. El verano es un estado del cuerpo y un espacio de la memoria. Momentos que en otras circunstancias pasarían desapercibidos adquieren otro peso, se convierten en acontecimientos. Una mujer le dice a su madre por teléfono que va a ser mamá, una perra alimenta a sus cachorros en el bosque, alguien se lastima un pie y otro le pone una curita. Momentos de indescriptible belleza. La película invita a entregarse a la experiencia del tiempo, al constante e infinito presente. Torres Leiva filma las termales y su atmósfera de una manera tangible y familiar, casi táctil. La textura de las imágenes de la cámara Hi8, su sensibilidad a la luz y la cámara en mano capturan el verano con un aura luminosa, calurosa y doméstica. La luz inunda la pantalla y a veces llega a ocultar los rostros. En los espacios interiores, los cuerpos se perciben como siluetas mientras afuera la naturaleza y sus colores llaman desde las ventanas. Lo que presenciamos son tiempos muertos del frenesí de la vida productiva pero vivos para el pensamiento. En una escena, una mujer pregunta cuál es el camino más largo para llegar a la ciudad. La película parece seguir exactamente esa ruta. No se apresura y se detiene en el trayecto. Torres Leiva descubre allí una parte esencial de la experiencia: mirar, escuchar y esperar. Por eso la película es evocativa, no adviene en una revelación o en un éxtasis, sino en algo más íntimo y más querido: un recuerdo o un deseo. Así como los personajes caminan para pensar, como espectadores acompañamos esa caminata, no esperando que algo pase o se resuelva, sino para experimentar “estar ahí”, tener un acto de presencia y reconocer la humanidad de quienes vemos. Además, entre esos rostros aparecen dos que quizá reconozcamos fuera de la ficción: Rosario Blefari e Ignacio Agüero. En Isa (Rosario Blefari, en contraste con su personaje de Silvia Prieto) conviven la mujer que está a punto de convertirse en madre y la niña que todavía mira el mundo con curiosidad. Ignacio Agüero, por su parte, aparece sereno y sabio, como su cine, con una bondad y una melancolía luminosa. Su presencia parece pertenecer naturalmente a este tiempo suspendido. El hombre que nos hablaba de lo que no podemos explicar o nombrar aparece ahora dentro de una película hecha, precisamente, de esos momentos. Ver Verano es entrar también en ese tiempo, en un estado de calma y descanso. Dejar por un momento la prisa afuera y entregarse al ritmo de la película. Cuando termina sentimos que también hemos recorrido un camino. “A veces, uno vuelve de la caminata transformado, más inclinado a disfrutar del tiempo que a someterse a la urgencia que prevalece en nuestras existencias contemporáneas”, escribe David Le Breton en Elogio del caminar. De la misma manera, volvemos de la película de José Luis Torres Leiva más lúcidos y sabios, más dispuestos a mirar y observar una realidad aparentemente simple pero, al mismo tiempo, tan llena de milagros.

PAULA DÍAZ

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