2026
19 MIN
Bolivia, Cuba
Español
Esteban Prudencio
Carlos Rojas
Esteban Prudencio
Valeria Moraima
Santiago Moreno
Nathalia Quimbay
Jonathan Formell
Alexander Diego Gil
Carlos Rojas
Jonathan Formell
Isabel Rodríguez Blanco
Arlene Cordero
| Fecha/Hora | Teatro | Ciudad |
|---|---|---|
| Miércoles 9 de septiembre | 4:00 p.m. | Colombo Americano - Sede centro Sala 2 | Medellín |
Esteban Prudencio es cineasta, curador e investigador autodidacta. Su trabajo, desarrollado entre Bolivia y Cuba, explora formas documentales y ensayísticas desde una práctica autogestionada, colaborativa e interdisciplinaria. Es cocurador y coorganizador de Cinecubcito Boliviano, un cineclub dedicado al cine latinoamericano contemporáneo, y en 2025 completó un posgrado en dirección documental en la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV), en Cuba. Su práctica busca generar una afluencia de imágenes contrahegemónicas capaces de abrir grietas en la imaginación política, ecológica y afectiva.
Esta película hace parte de la Carta blanca de Luciana Decker y se proyecta con:

Genealogía monumental de la isla: héroes, eones. La condición oceánica y originaria. Recursividad y cibernaútica. Hay un laberinto. ‘Era de día, ¿no te acuerdas?’. Dicen que cuatro hermanxs fueron lxs primerxs habitantes, que a unx llamaban Deminán y que lxs otrxs tres no tenían nombre, que la revolución ocurrió en todas partes, pero en ninguna como se esperaba.

Al pensar en esta carta blanca, más que venir a mi mente, estas películas se me vinieron al estómago, o a ese lugar impreciso entre el estómago y el corazón. Mi memoria corporal se estremece recordando esa sensación cada vez que las veo y cada vez que pienso en lo que las rodea: desde el momento en que se han imaginado hasta su realización. Así por las relaciones íntimas entre lxs que aparecen delante de cámara con lxs que miran, y la conciencia de la muerte que atraviesa esos vínculos; o la evocación de un ya no paisaje, sino un espacio que se desdobla de la bidimensionalidad de la pantalla, donde uno termina por entrarse; y por la mitología de tiempos y seres anteriores presente en la ciudad contemporánea y en los amigxs. En estos temas, y en la manera en que encuentran formas novedosas de abordarlos más allá de forzar la representación de una identidad fija, reconozco procedimientos e intuiciones que también atraviesan mis propios procesos, y formas de engendrar el cine.


Derroteros. La isla es un archivo, una parte viva de la historia que está constantemente expuesta, a la vista de todos. Es un cuerpo opaco lleno de grietas y rodeado de mar donde el horizonte parece infinito y lejano y la mitología cercana y material. Derroteros. Un grupo de jóvenes intenta descifrar su llegada a la isla y recordar su origen. Su espíritu de arqueólogos los lleva a descubrir que su historia está incompleta y hecha de pedazos dispersos por toda la ciudad: los buscarán, los arrastrarán, intentarán unirlos, pegarlos con cinta, verlos desde diferentes ángulos, escuchar los sonidos que guardan y aún así, no conseguirán recordar. “Las islas son de antes de los hombres, o para después de ellos”. Derroteros. Cada señal que encuentran es un desvío hacia nuevos caminos, un choque de mundos y tiempos donde lo fronterizo se desdibuja. “Yo no distiguía los cuerpos… más bien lo que recuerdo son los sonidos”. Derroteros. Los fragmentos son devorados y transformados. No es posible tocar la historia sin contaminarla. Derroteros. Cada intento de recordar cambia lo que se busca porque la memoria pone los pedazos en movimiento. Derroteros. Derroteros. Derroteros.
Valle de Aburrá, Antioquia