2014
82′ Min
Canadá
Francés
Olivier Godin
Miryam Charles
Michael Yaroshevsky
Étienne Pilon
Roise Maité – Erkoreka
Paul Ahmarani
Luc Proulx
Johanna Nutter
Brian Wright
Fayolle Jean
Olivier Godin
Miryam Charles
Théodore Goodwin
Guillame Guérette
Luc Boudrias
| Fecha/Hora | Teatro | Ciudad |
|---|---|---|
| Sábado 13 de septiembre | 5:00 p.m. | Centro Colombo Americano - Sede centro - Sala 2 | Medellín |
Olivier Godin es director de cine. Ha dirigido numerosos cortometrajes y largometrajes. Estudió cine en la Universidad Ahuntsic (en Montreal) y en la Universidad Concordia. También es crítico de cine y colabora periódicamente con la revista “Hors Champ”. En 2014, se presentó una primera retrospectiva de su obra en la Cinémathèque Québécoise. Trabajando con medios modestos y con un espíritu decididamente artesanal, busca lo poético en lo banal, lo épico en lo obsceno, lo romántico en lo ridículo. Milagrosamente, a veces recibe premios y becas. Varios de sus cortometrajes han recibido galardones en el Festival du Nouveau Cinéma y el Premio CALQ. Gracias a presupuestos reducidos y a su compromiso con la narrativa y la cinematografía artesanal, en estas películas encontramos cuchillos y espadas, ocasionalmente alguna pistola, saxofones y trompetas. En resumen, ¡aventuras! Muy atento a los registros del color y la luz, como si el propósito de cada nueva película fuera abrir por dentro un color, el carácter de su cine se concentra, por intensidad y acumulación, en una vertiginosa devoción por las palabras. La agilidad que presenta es tanto lumínica como verbal. Con una especial erudición hacia el cine que trabaja con precisión y cariño la palabra, lo artesanal, lo que es fuertemente insólito y por eso mismo gracioso, cruel o dramático, Godin trabaja sobre una región de tradición precisa. Vemos, y es un placer enorme hacerlo, que ha aprendido a hacer cine viendo cine, concentrado en la materia de otros cineastas. Su mundo, original y desabrochado de cualquier restricción, donde es inútil discernir entre la máscara y la carne, la trascendencia y lo profano, consiste en saber dejarse ir y en sentir con la máxima de las dedicaciones.

Muy cerca de la época navideña, una retorcida bruja llamada Melissa le ordena a su ahijado que encuentre al hombre conocido como Lamirande, el libertador fatal, un héroe nacional que se creía muerto. Tiene rock hablantinoso, un saxofón sollozante, vagabundeos poéticos y un café-bar atrapado entre la realidad y el sueño.


En las nevadas calles de Montréal, Olivier Godin filma una fábula invernal que teje un tapiz surrealista y lúdico, siguiendo a Héloïse, una joven amnésica cortejada por tres capitanes, mientras Jean-Baptiste Lamirande, un libertador resucitado por Navidad, irrumpe para reclamar su corazón. En este relato transformador el destino se desenvuelve en un flujo narrativo caprichoso que desestabiliza las convenciones, el montaje evoca a Éric Rohmer en su ligereza,y un denso aire del absurdo remite a Buñuel. La imagen granulada captura la frialdad urbana, contrastando con la calidez caótica de las interacciones humanas, mientras el sonido ambiental amplifica la soledad invernal. Godin insiste en un gesto de cine que parece emanar de los pliegues más íntimos de lo cotidiano, pero que a la vez se desplaza hacia un terreno insólito, casi fantasmagórico. El film se construye como un tejido de relatos mínimos, apuntes que parecen fragmentos de un diario extraviado, donde la ligereza de lo anecdótico convive con una extraña densidad poética. Godin no filma con la pretensión de ofrecer un discurso cerrado, sino que abre grietas, deja entrar el aire y el silencio, dejando que lo pequeño resuene con la fuerza de lo esencial. El título mismo, en su repetición, subraya la condición del cine de Godin: una acumulación de retazos, de nuevas cosas que se superponen sin jerarquía. El relato avanza en una suerte de cadencia dislocada, donde lo banal se magnifica y lo absurdo aparece como un refugio de vitalidad. La fragilidad en el film es, paradójicamente, lo que lo dota de una intensidad particular, como si las imágenes estuviesen siempre a punto de deshacerse, pero encontraran en esa precariedad su fuerza vital. Nouvelles, nouvelles encarna un cine que se resiste a la clausura, que celebra la digresión y la deriva, una voluntad de permanecer en los márgenes, no como gesto de resistencia programática, sino como una forma genuina de entender el cine: un espacio de juego, de azar y de fabulación constante. Así, su película se erige como un recordatorio de que lo verdaderamente nuevo no está en la grandilocuencia, sino en la obstinada persistencia de lo mínimo, de esas noticias pequeñas que, al repetirse, se vuelven inagotables. Godin nos recuerda que el cine, como la nieve, cubre y revela a la vez.
Valle de Aburrá, Antioquia