2025
104′ Min
Francia
Francés
Pierre Creton
Vincent Barré
Pierre Creton
Vincent Barré
Mark Brown
Pierre Creton
Vincent Barré
Pierre Creton
Antoine Pirotte
Sophie Roger
Pierre Creton
Vincent Barré
Matthieu Deniau
Joseph Squire
| Fecha/Hora | Teatro | Ciudad |
|---|---|---|
| Lunes 15 de septiembre | 7:00 p.m. | Teatro Caribe | Itagüí |
| Sábado 20 de septiembre | 2:00 p.m. | Centro Colombo Americano - Sede centro. Sala 1 | Medellín |
Pierre Creton
Vive en Vattetot-sur-Mer, Francia. Se graduó en la Escuela de Bellas Artes de Le Havre. En paralelo a su trabajo como agricultor, exhibió en exposiciones grupales e individuales sus dibujos, fotografías e instalaciones audiovisuales. Sus películas se han presentado en varios festivales, incluido el FIDMarseille, donde en 2008 L’heure du berger ganó el Gran Premio en la competición francesa.
Vincent Barré
Escultor, arquitecto y director francés. Se graduó de la École Nationale Supérieure des Beaux-Arts de París. Estudió arquitectura en Francia y luego en los Estados Unidos. Ejerció la arquitectura y construyó viviendas sociales, rehabilitaciones y fue responsable de la reconstrucción del Théatre le Palace en París. A partir de 1982 abandonó esta actividad y se dedicó a la escultura. En 1995, Vincent Barré realizó sus primeras películas, que llevan las huellas de su visión escultórica y sus viajes. Su encuentro con el director Pierre Creton y la instalación de un taller en el Pays de Caux lo llevaron a codirigir regularmente cortometrajes con él.

Acompañados por un pequeñísimo equipo de filmación, Pierre Creton y Vincent Barré siguen al paleobotánico Mark Brown a través de la región Pays des Caux, en Normandía, mientras busca plantas nativas con las que se pueda crear un jardín antiguo y explica, con la ternura amorosa de un verdadero experto, la etimología, la belleza y las propiedades científicas de la flora de la región.
Proyección en colaboración con la Embajada de Francia en Colombia.


En la primera parte de Sept promenades avec Mark Brown, el último largometraje de Pierre Creton y Vincent Barré, los directores y su pequeño equipo de rodaje recorren la campiña francesa con el botánico Mark Brown. Brown, con su voz delicada y de salud etérea, habla con propiedad erudita sobre las plantas antiguas que observa el equipo. Después, los guía a través de su propia recreación de un bosque prehistórico, al que llama “El amanecer de las flores”. Durante estos paseos, o largas caminadas, vemos al director de fotografía usar su cámara de 16 mm para fotografiar flores, árboles y helechos. Este metraje conforma la segunda parte de la película, en la que vemos planos estáticos de la vida silvestre acompañados de una conversación entre Creton y Brown, donde se limitan a identificar las diferentes flores mostradas, a qué especie pertenecen y dónde se encuentran en el mundo. Aquí, Creton y Barré retoman su costumbre de hacer todo lo que suele evitarse en el cine convencional. Mezclan película digital y analógica; conservan los contratiempos en la voz en off; a menudo muestran lo mismo dos veces. Pero esos “errores de principiante” son, por supuesto, la esencia de su trabajo, incluso el material desenfocado constituye el corazón de esta nueva película. En Sept promenades avec Mark Brown, no es solo un equipo de rodaje el que recorre la campiña normanda, sino un grupo de amigos, casi una familia. La calidad desenfocada de la película le confiere el encanto incomparable de una película casera. A esto hay que sumarle el hecho de que el director de fotografía, Antoine Pirotte, también fue el actor principal de Un Prince (selección Cinemancia 2024), y que, a partir de sus interacciones, queda claro que Brown y Creton se conocen bien. Los paseos y la filmación de la película casi parecen excusas para que sus realizadores charlen, coman y beban juntos. Sus siestas al borde del camino se vuelven tan importantes como su excursión principal. Cuando algunos personajes empiezan a hablar de la belleza de un campo de trigo ante ellos, Brown se emociona, recordando una historia de amor perdida hace mucho tiempo que se convierte en el verdadero tema de conversación del grupo. Como en la mayoría de las películas de Creton, los pájaros y las abejas deben tomarse literalmente; la naturaleza, la flora y la fauna se consideran el punto de origen del que surgen todas las relaciones, discursos y acciones. Creton y Barré no crean una fantasía de una naturaleza salvaje inmutable y sublime, sino que intentan retratar cómo se relaciona la naturaleza con nosotros: cómo formamos parte de ella y cómo, a la vez, estamos separados de ella. No hace falta que Brown sermonee al espectador sobre la fragilidad de la raza humana en relación con la inquebrantable serenidad de la naturaleza. Basta con murmurar que una planta ha existido durante “cien millones de años” para que comprendamos lo frágil y trivial que es nuestra existencia en comparación con la de la mayor parte de la vida en la Tierra. Esta podría ser precisamente la razón por la que Creton y Barré muestran tan poco interés en el profesionalismo: porque es insostenible.
Valle de Aburrá, Antioquia